Reseñas Breves #15

Nunca nadie respondió acabadamente qué es la literatura. Erich Auerbach, sin pretender contestar esa pregunta, se la formuló inconscientemente, lo que lo condujo a leer literariamente textos que en su momento no lo fueron, y a encontrar, en textos de distintas épocas, un rasgo que todos comparten.

La famosa pregunta acerca del compromiso de la literatura con la realidad, en este libro, parece no ser un problema. Sus capítulos constituyen un análisis a veces exhaustivo de cómo la literatura, desde la antigüedad hasta el siglo XX, fue representando progresivamente la realidad. Lo que, más o menos, significa equipararla con una conciencia que va asomándose al mundo a través de una sucesión de escritores que, introduciendo nuevas formas y nuevos temas, van arrojando luz sobre la condición humana.

Tampoco es un problema en este libro la antigua relación entre forma y contenido. Auerbach, en el primer capítulo, demuestra analíticamente que dos textos de estilos diametralmente opuestos responden a propósitos diferentes, y que esa diferencia en los propósitos explica la diferencia en los estilos. La sintaxis austera del génesis procede de la intención de mostrar la íntima necesidad de un pueblo de tener una relación absoluta con dios; la amplia sintaxis homérica de la Ilíada, de la necesidad de mostrar la historia de los dioses, objetos y personajes que configuraban una cultura. La forma de un texto es la conciencia, la luz que se quiere arrojar sobre una realidad. Por ello, la separación de forma y contenido es absurda, ya que señala una dualidad inexistente. El contenido es lo que la forma permite mostrar.

Asimismo, la literatura crea nuevas formas porque tiene necesidad de hablar de nuevos temas. Flaubert hizo de una mujer la protagonista de su novela. Quizá sin proponérselo, introdujo con ella por primera vez el tedio y la angustia existencial como tema de una obra literaria. Estos dos sentimientos son los que embargan el alma de Emma, sometida a un esposo mediocre y a una cultura no menos mediocre y cruel que sometía a la mujer, en el pueblo de una provincia francesa del siglo XIX. Ello solo fue posible gracias a un tipo de realismo que Flaubert creó.

Así, a partir de este concepto de la literatura desde el que Auerbach lee, observamos cómo se asoman en nuestra conciencia, a través del lenguaje literario, dios, las clases sociales, la irrefrenable e infinita sexualidad, el tormento que, en mayor o menor medida, sufre todo ser humano al querer encontrarse a sí mismo y al enfrentarse a los otros, la inexistencia de dios, las tramas del poder que configuran las ideologías sociales, las mujeres y los hombres que están sometidos a esas ideologías, los que las resisten , la conciencia de la mujer como sujeto histórico, la conciencia del ser humano sobre las pasiones que configuran su espíritu, la guerra, la moral, la muerte, el destino, la libertad.

Ahora que lo pienso, en esta enumeración hay temas que no están el libro. Ello se debe a que no es un libro acabado, a que fue publicado en 1942, y a que podemos entenderlo como un proyecto que incluye a los libros futuros.
Podríamos decir que el ensayo de Auerbach es una exhortación a leer individual y colectivamente la literatura, de manera de ser nosotros, a través de ella, esa conciencia colectiva que hoy se halla en fragmentos dispersos e incomunicados.

Martin Marchione

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Mímesis; Erich Auerbach; Fondo de Cultura Económica; páginas: 557; precio: $ 577.

 

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