La sublevación de Franco Berardi Bifo

Colofón. Un libro estenopeico.

Los colofones suelen ser anotaciones pequeñas al final de los textos. Discretos y explicativos, señalan datos como la imprenta, el día,el año y la cantidad de ejemplares impresos. El texto y estos datos conforman tradicionalmente el cuerpo de un libro. Pero en hekht soñamos libros estenopeicos. Libros que no encubran el modo ni los materiales de su construcción (y por materiales de su construcción entendemos palabras y relatos tanto como maquetación, hojas, tapas, imprentas, librerías, papeles y caligrafías, modos de escritura y de lectura).

hekht cámara estenopeica: 1. cajita sin lente que atrapa la luz, 2. sólo un pequeño orificio para que ella entre y 3. (mucho) material fotosensible. La clave de todo el proceso es que el tiempo de exposición del material es mucho mayor al de las máquinas convencionales. Las fotografías estenopeicas se caracterizan por una profundidad de campo infinita: en ellas se ve cualquier punto sin necesidad de ningún encuadre especial, no hay jerarquía, no hay enfoque. La simpleza (una caja agujereada + material fotosensible + exposición) exige que todo se piense de nuevo cada vez. Imposible seriar, imposible el procedimiento. Y porque no hay diferencia entre aquello que dice un libro y el modo en que está construido hay que contar que cada palabra de este libro fue hecha por una legión deseante.

La historia es que un editor de tierras lejanas (las tierras que suelen monopolizar las traducciones, allende los mares) cortó la cadena de gratuidad que Bifo intentaba establecer. Y es así que una tarde de invierno, lxs editorxs de hekht se dieron cuenta de que si querían publicar La Sublevación tendrían que tipear el libro nuevamente, palabra por palabra. Entonces alguien sugirió invitar a una (improbable aún) comunidad para tipear el texto a través de las redes sociales, un poco para saber cuánto cuerpo había allí y otro poco por mera pasión experimental. Sorpresa. En pocos días fueron sumándoselas señales de otrxs desconocidxs que no sólo querían darle el tiempo a lo que se iba pareciendo cada vez más a una acción colectiva, sino que querían hacerlo juntxs. El cuerpo se subleva e indistingue lo individual de lo grupal, suponemos que diría Bifo.

Un domingo muy silencioso, a eso de las cuatro de la tarde, lxstipeantes se fueron juntando en el primer piso de La Libre, en San Telmo, munidos de equipos de mate, galletas, manzanas y computadoras. Escritorxs, editorxs, artistxs, activistas, profesorxs y vecinxs reescribieron en menos de tres horas un libro completo. Ninguno había leído los párrafos donde se dice, precisamente, que sublevarse es dotar al cuerpo de una experiencia sensible e intelectual en el mismo territorio donde el semiocapitalismo aliena. Donde se dice que ya no se trata de intelectuales organizando las fuerzas revolucionarias sino del trabajador intelectual que se reapropia de sus potencias y las hace jugar en un sentido diferente al instituido.

Esa tarde una legión se articuló en tecnologías, afectos y territorios de un modo específico y acontecimental (porque un acontecimiento no es la evanescencia y la disolución sino la materia y la radicalidad del acto). Nada de romanticismo o nostalgia, sino más bien la percepción de que las mismas prácticas exigidas e inoculadas por el semiocapital, pueden llevar hacia prácticas desalienadas, a reconocerse en algo que es y no es yo, pero que claramente es nosotrxs. Pequeños desplazamientos entre lo que un cuerpo puede y un cuerpo desea.

Una editorial poco clara convoca a través de las redes sociales a que se tipee un libro desconocido un domingo en una librería independiente de San Telmo, señalando la necesidad de un acto pequeño contra el egoísmo editorial. Y ese llamamiento sin otra promesa que un gesto común, concatena singularidades potentes que dan su tiempo (acaso lo único que pueda darse) a la respiración conjunta, a la conspiración.

Todo eso es ya La Sublevación, un relato de los levantamientos europeos que ya eslabona otras intervenciones.  Unas páginas que invocaron a Ana Ojeda, Bárbara Bilbao, Claudia Venturelli, Corina Maruzza, Emilce Fernández, EricaBellini, Fernando Aíta, Gastón Sena, Gonzalo Federico Zubía, Ismael Alves, Iván Zárate, José Luis Meirás, Leandro Elvio Giménez, Lux Moreno, Malena Vázquez, Manuel Carbone Ojeda, Mar Lucas Gómez, Mario Saralegui, Melisa Wortman, Virginia Zuleta… y a la hospitalidad de Darío Semino, el ojo agudo de Gisela Volá, el entusiasmo de Karina Álvarez, la belleza del pequeño Manuel Strucchi Winik, y a las hekhtianas Marilina Winik y nat.

Estenopeicamente, es tan importante aquello que el libro dice, como los modos en que ese libro llega hoy a las manos de quien lo tenga en ellas. Es tan importante Bifo como el encuentro que hizo posible que unas semanas más tarde se hicieran las maquetas, se corrigiera el texto con litros de mate, se discutiese la traducción hasta el cansancio, se pensasen los modos de no presentar un libro sino un modo de escritura y de lectura. Es tan importante decir que la primera edición de 500 ejemplares se realizó en Imprenta Dorrego sobre el final del 2013, como que en cada “ejemplar” laten experimentaciones que aún no han sido.

Aquel domingo Bifo apareció a través del Skype en el medio de una mesa donde se agolpaban fotocopias, computadoras y manzanas. Ningún registro quedó de aquella pequeña conferencia, sólo frases sueltas en las memorias de quienes escuchaban: “hay una enorme asimetría entre el plano de la sublevación y el capital, que parece haberse vuelto abstracto, por eso mismo, intocable, todopoderoso”… “la teoría puede no sólo descubrir conceptos sino también generar las condiciones afectivas de la revuelta”… “la teoría puede entonces contribuir con la formulación de una terapéutica para evitar el sufrimiento y la depresión que el capitalismo trae consigo”. Pero, especialmente, muchos recuerdan que ese domingo Bifo subrayó la importancia de pensar (y cuidar) los procesos a largo plazo, la necesidad de evitar tanto la euforia como la tristeza sin que eso nos insensibilice con la alegría imprescindible para darle continuidad a los gestos sublevados. Porque si el semiocapital es sobre todas las cosas un modo de producir la vida, se trata de propiciar, inflamar, habitar, contagiar otros modos de la vida acá y ahora teniendo en cuenta sus continuidades y sus contingencias. Un arte, por qué no, o más bien: un oficio.

El secreto técnico y político del modo estenopeico de captación de la luz es que el material sea sensible y el tiempo de exposición, prolongado. Sensibilidad y exposición, dos zonas muy problemáticas en sociedades que hipertrofian el consumo y la competitividad individual y, por eso mismo, dos puntos claves para comunidades siempre por hacerse.

Hekht

 

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