Reseñas Breves #11

Si tuviera que elegir una línea de lectura para este libro, de lenguaje quizá demasiado sinuoso, es la del problema nunca resuelto de la distancia insalvable entre el pensamiento y la realidad. Una pregunta implícita (que no sé por qué el libro no formula) es la de la razón de ser del pensamiento. También, creo, implícitamente, el libro parte de la idea del fracaso de las teorías, de los sistemas de pensamiento. Lo posthumano, entonces, sería el abordaje de ese fracaso.

¿Cuál es el objeto del pensamiento? ¿Cuál es el objeto de elaborar ideas, y más aun, de elaborar todo un sistema de ideas? ¿Qué lleva a alguien a intentar asir la estructura de la realidad, y de exponerla a través de un sistema intelectual? Tal vez el caso de esta última pregunta sea el más ambicioso de todos los casos. Pero de algunos de estos casos se ocupa este libro, no para volver a exponer lo que los autores ya han expuesto, sino para señalar que esos mismos autores, que en algún momento creyeron tener lo real en sus manos, se dieron cuenta de que lo real siempre escapa a nuestro pensamiento. Otros capítulos, en cambio, están dedicados directamente a los autores que han concebido su proyecto de escritura a partir de la conciencia de que todo sistema que pretenda abarcar lo real está condenado al fracaso, y que mejor es pensar sin esta ambición.

El pensamiento es acaso el ser que más ha fracasado en el mundo. Wittgenstein entendía que los problemas del pensamiento son los problemas del lenguaje, y escribió que “los límites del lenguaje son los límites del mundo”. Oscar del Barco dedica un capítulo a este pensador, pero no al desarrollo de sus teorías sobre el lenguaje, sino a su búsqueda de experimentar el mundo sin sus límites. Resulta paradójico: el hombre que más obsesionado estuvo con el lenguaje, quiso prescindir de él para vivir más profundamente el mundo. Pero los seres humanos no podemos prescindir ni del lenguaje ni del pensamiento al abordar nuestros problemas, y acaso uno de los mayores riesgos de nuestra historia sea que esos instrumentos sean ineficaces para resolverlos.

Y si hablamos de lenguaje, pocos han producido una ruptura tan radical como Nietzsche; y de todos los que han llevado adelante la empresa de producir una ruptura lingüística, pocos lo han hecho con más honda necesidad expresiva. Wittgenstein en gran medida tenía razón; Nietzsche comprendió que para ir más allá de los límites del mundo conocido por el pensamiento, debía trascender los límites conocidos del lenguaje. Oscar del Barco se ocupa del Nietzsche menos difundido. Ya el que todos conocemos había roto, no solo con la forma tradicional de usar el lenguaje, sino con la manera como se había elaborado hasta entonces un concepto de la sociedad y del mundo. Nietzsche creyó haber entendido el fondo vital de la historia de las culturas. Creyó que nadie recordaba ni era capaz de ver ese fondo, y que su misión era enseñarlo. Oscar del Barco se ocupa de esta vana soberbia de Nietzsche, pero de algún modo matizándola y mostrando a alguien que realmente sentía la íntima necesidad de entender la historia y el destino de las culturas, y que de algún modo fracasó también en la historia del pensamiento. 

Uno de los primeros pensadores que intuyó el concepto que hoy conocemos con el nombre de “deconstrucción”, fue Heidegger, quien decidió desandar todos los caminos de la filosofía para llegar al momento originario en que alguien, cualquier ser humano, siente la íntima e imperiosa necesidad de darle un sentido general al tiempo, a la vida, al universo, y para mostrar que esa es la esencia del ser humano. Pero de lo que se ocupa Oscar del Barco es de la reflexión que Heidegger le dedica al problema de la técnica, que hace ya siglos domina nuestras vidas. La conjunción adversativa, sin embargo, es errónea: Heidegger se ocupó del problema de la técnica con la misma actitud deconstructiva con que abordó la filosofía y todo lo que se dedicó a pensar (menos su propia vida). El problema de la técnica, el de la cultura, el del lenguaje, son los problemas que Oscar del Barco va abordando a través de quienes se han dedicado a pensar sobre ellos, acaso bajo la pregunta de por qué, tras siglos de pensamiento, los problemas esenciales de la cultura no han sido resueltos.

Baitaille intuyó que detrás de los sistemas de pensamiento se escondía un cierto afán totalitario. Oscar del Barco observa que esta actitud crítica puede resumirse en la frase “deconstrucción de la posesión de sentido”. En el capítulo dedicado a él, del Barco desarrolla, a partir de esta observación y del hilo del pensamiento de Bataille, la idea de que para pensar la cultura hay que deshacerse de este afán de “posesión de sentido”, y de los consecuentes totalitarismos teóricos.

Es desde este concepto que del Barco lee y nos vuelve a acercar a Marx. A diferencia del autor cerrado y determinista que solemos conocer, esta nueva lectura se detiene en el Marx genealógico, el que investigaba hasta los rastros más lejanos de los rasgos que configuran nuestras vidas, como el dinero o la técnica o las relaciones de poder en los sistemas de trabajo. No el que creyó vanamente haber encontrado las leyes de la historia, sino el que, ante el dinero o ante la técnica o ante la explotación, sintió un horror perplejo y se dio a la tarea de desandar los caminos que condujeron hasta allí. Porque Marx pudo pecar en su afán de totalitarismo teórico y en su afán de profeta de la historia, pero sus preocupaciones siguen vigentes y, más aun, su forma genealógica de indagar en la historia y también gran parte de sus conclusiones. Si a su pensamiento le sacamos ese afán totalitario y profético, nos queda un pensador indispensable para abordar gran parte de la realidad que nos domina. 

Este libro agrupa ensayos publicados originalmente en libros y revistas. Creo haber encontrado el núcleo conceptual que los une, tratando de desentrañar la idea del título. Lo que no encontré, lo que le falta, son ensayos dedicados a pensadoras. Aurde Lorde, por ejemplo, habría aportado una gran alternativa a los posthumano. Lo que Baitaille se esforzó por hacer (romper con el totalitarismo teórico), lo encontré en ella y en otras pensadoras, que lo han hecho sin esfuerzo y naturalmente. Será tarea del lector el incluirlas en este libro, aunque más no sea leyendo otros.  Habíamos comenzado por preguntarnos sobre la razón de ser del pensamiento. El libro, como dijimos, no formula esta pregunta, y nosotros no pudimos responderla. Sí, creo, hemos percibido el íntimo vínculo entre pensamiento y cultura. Acaso nacieron simultáneamente y en el fondo sean lo mismo. Sí podemos decir que la razón de ser del pensamiento actual es, o debería ser, resolver los problemas de la cultura, esa construcción simbólica con la que una sociedad trata de entenderse a sí misma.    

Martin Marchione

 

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Alternativas de los posthumano; Del barco, Oscar; editorial Caja negra; 283 páginas; $ 420.

 

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