Mona Chollet, para una revolución doméstica.

En su último libro, En casa, una odisea del espacio doméstico (2), la periodista y ensayista Mona Chollet examina el espacio cotidiano, inmediato, de la domesticidad. Pero ella no busca “quedarse en casa” sino todo lo contrario, deteniéndose en la casa se despierta la curiosidad, se hace evidente la apertura al mundo y, más que nunca, la necesidad de intervenirlo.Entrevista de Johanna Luyssen, publicada en francés en Liberation el 14 de abril de 2015 (1)

El espacio doméstico no es un lugar aburrido que debemos dejar atrás: lo que sucede dentro de las casas es tan interesante y tan político como lo que está fuera. Esta es la tesis que desarrolla el libro de Chollet, periodista de Le Monde diplomatique, con una prolífica labor de corte iconoclasta, donde se destaca el trabajo de su libro Belleza Fatal (2012), donde analiza brillantemente la alienación de las mujeres en el dispositivo-industria de la moda y el culto al cuerpo perfecto.

Con una sólida formación teórica y un gran dominio de la frase de remate (“Femen en todas partes, el feminismo en ninguna parte”, escribió en un artículo sensacional de marzo de 2013), la ensayista publica hoy un viaje sociológico, político y sutil hacia nuestros “interiores”. Espacios confinados al secreto y la privacidad y que, por eso mismo, tienen mucho que decir sobre el mundo “exterior” que nos rodea.

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¿Por qué es tan despreciado el trabajo doméstico? ¿Cómo conciliar el interior (la comodidad del sillón) con el exterior (el mundo según lo narra Internet, por ejemplo)? Para abordar este vasto territorio, Chollet convoca a la filosofía y la arquitectura, al feminismo y la política, Instagram y la extensión europea de la jornada laboral a los domingos. Caterva de nombres: Gaston Bachelard y Georges Perec, Raoul Vaneigem y Virginia Woolf, Nicolas Bouvier y Betty Friedan. Pop ecléctico, este libro nos hace considerar la otra “casa”: en una taza de café está la política, es hora de que alguien lo diga.

P: ¿De dónde sacaste la extraña idea de escribir sobre el espacio doméstico?

R: En lo personal, me genera un gran placer estar en casa, me hace sentir bien y lo necesito, pero me di cuenta de que a menudo esta experiencia se pierde. Si decís que tenés vacaciones y no viajás, nadie te entiende. La gente se torna irónica y condescendiente. El disfrute de lo doméstico se percibe socialmente como algo individualista y pequeñoburgués. Me parece que la domesticidad plantea la cuestión del individualismo de un modo interesante: pareciera que si nos sustraemos a los otros para pensar y dejar que los procesos sedimenten, somos un peligro y, a la vez, se nos insta a ser individualistas en un sentido específico y diferente del que acabo de señalar.

P: Reinvindicás a Los Hogareños, a las personas que aparentemente no tienen curiosidad por el mundo…

R: Quería deconstruir esta idea un poco simplista. Estar en la casa, habitarla, no es necesariamente un signo de falta de interés en el mundo, de hecho, quería demostrar que la curiosidad por el mundo puede manifestarse de muchas maneras diferentes. Ya no existe la posibilidad de cerrar la puerta sino que a partir de las nuevas tecnologías hay una enorme permeabilidad entre “adentro” y “afuera”, así como también existen nuevos modos de encontrar un equilibrio entre interior y exterior.

P: En un capítulo dedicado al uso de la web decís que “los intercambios en Internet, como el pensamiento y la imaginación, nos afectan de modos muy tangibles y ayudan a dar forma al rostro de nuestro mundo”.

R: Internet representa perfectamente esta relación entre interior y exterior. El mundo entra a casa a través de mi computadora. Mi estado mental nunca será el mismo una vez que he sido atravesada por los flujos de información y las múltiples interacciones de las redes sociales. Esto tiene diversas consecuencias, muchas de las cuales son extremadamente negativas y otras no tanto. No se trata de la frase de Douglas Coupard, ampliamente difundido (precisamente) a través de Internet: “Perdí mi cerebro pre-Internet”. Eso puede ser cierto, pero hasta ahora me asumo como usuaria contenta. Internet nos replantea todas nuestras prácticas. Y eso es a la vez excitante y aterrador.

P: ¿Nuestra relación con el espacio doméstico sintetizaría de algún modo las tensiones y paradojas de nuestra época?

R: Quisiera detenerme en dos conceptos que desarrollo en el libro, la falta de espacio y la falta de tiempo, ambas son igualmente importantes si bien una puede parecer más obvia que la otra. Al comenzar el libro quería comprender por qué tenemos tantos problemas para encontrar un lugar de la tierra: la imposibilidad de tenerlo o tenerlo pero que sea poco saludable, demasiado pequeño o demasiado caro, o muy alejado del lugar de trabajo (lo que obliga a vivir en los medios de transporte). En cada uno de estos casos se pasa poco tiempo habitando la casa. Se nos induce regularmente a comprar el sofá de diseño más moderno, pero se oculta el tiempo que necesitamos para comprar ese sofá.

Hay un enorme mercado que vende felicidad doméstica, pero si realmente se quiere esa felicidad, se tiene que trabajar como un esclavo para pagarla, así que nunca se podrá disfrutar de ella. Estamos sometidos permanentemente a esta paradoja.

P: Hablar del espacio interno es también hablar del trabajo doméstico. En 2015, las tareas domésticas siguen siendo principalmente tareas de mujeres. Este podría ser un punto problemático de la reflexión del movimiento feminista…

R: Cuando un tema como el trabajo doméstico es despreciado sistemáticamente se transforma en un mosquito zumbando en el oído. ¿Por qué despreciar tanto una tarea que es central, una tarea casi ineludible en las personas que viven juntas, una tarea que podría llegar a ser agradable si se realizara en buenas condiciones, si tuviésemos tiempo para llevarla adelante? Hay una especie de sabiduría de limpieza, sin embargo, cuando se la realiza regularmente, se convierte en un trabajo duro, mal visto, socialmente despreciado y físicamente agotador. Un ama de casa decía de su obra: “Todo lo que produzco, es un embole.” Quiero imaginar un modelo de sociedad donde trabajaríamos menos y nos haríamos cargo de nuestra propia casa sin esclavitudes propias ni ajenas.

P: Y luego está la imagen, perniciosa, del ama de casa…

R: Es una mezcla de idealización y menosprecio. En “Profesiones de la mujer”, Virginia Woolf narra que cuando empezó a ser periodista, tuvo que matar a lo que por entonces se llamaba “el ángel del hogar”, una imagen idealizada del ama de casa. Si no lo hubiese hecho, dice Woolf, “ella me hubiera matado a mi”. No fue fácil hacerlo, dice, “Es mucho más difícil matar a un fantasma que una realidad”. El “ángel del hogar” es un ideal potente y seductor que se recrea desde el siglo XIX. Se induce a las mujeres a tener familias, a construir casas y pequeños paraísos interiores, pero detrás de eso hay un gran menosprecio por estas tareas. A todas las mujeres que están en su casa se les pide en la cena lo mismo que hacen en la vida. Cuando alguna mujer dice “soy ama de casa”, las miradas se alejan de inmediato… Para salir de esta situación el feminismo plantea posibilidades interesantes, entre ellas, el reclamo de salarios para el trabajo doméstico.

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(1) Fuente: entrevista de Johanna Luyssen, publicada en francés en Liberation el 14 de abril de 2015:
http://next.liberation.fr/vous/2015/04/14/mona-chollet-pour-une-revolution-domestique_1233018

(2) En su versión original del francés Chez soi. Une odyssée de l’espace domestique editado por Éditions La Découverte en 2015. En castellano En casa. Una odisea del espacio doméstico editado por Hekht en 2017.

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