La imagen-movimiento: un experimento, una experiencia

(propuesta en cuatro movimientos)
1. El cine no es un lenguaje, sino un modo de expresión que tiene su propio código, hasta a veces (con)fundirse con él. El cine es una materialidad y hace suya otras. El cine es una operación y su propia resultante. El cine no son las películas que se producen, sino el modo en que un ojo se dispone en y ante el mundo. El cine no narra. El cine no avanza del blanco y negro al color ni del mudo al sonoro, sino que avanza como en una calesita, haciendo de sus propios movimientos y momentos formas de expresión; formas que abren y potencian sus propias posibilidades.

2. En un laboratorio, escenario por excelencia del experimento, se establecen los objetivos, los métodos, los materiales y las variables necesarias para poder llevar a cabo el experimento mismo. Se trata de una operación específica, aislada, discreta, que persigue una meta específica.

3. Presentamos un ejercicio que se pretende experimento en un sentido muy primario del término. Seguiremos un camino ya trazado, pero inversamente. Sin mencionarlo o haciendo como si no estuviera allí. Será esa referencia una de las variables encapsuladas en nuestro experimento. Replicaremos, de manera incipiente y restringida, un experimento de transducción que, al jugar con códigos, pretende hacer transmutar las materialidades de cada uno de ellos. Se trata de un experimento que ha sido ejecutado por grandes, por expertos, por científicos locos; un experimento que persigue tomar una experiencia sensorial audio-visual a partir de un material fílmico como materialidad, con el fin de traducir no esa experiencia a nuestros códigos, sino éstos últimos -los nuestros- a los de aquella. Se trataría de poder hacernos parte/partícipes del universo del cine e intentar luego volver con algo para nosotros, para compartir y encontrarnos.

4. Dicho de otro modo, proponemos un cruce entre experimento y experiencia, en el que el punto de inicio sea la percepción: la experiencia perceptiva está tremendamente disociada de lo sensible en un sentido amplio, y puntualmente de las operaciones ver-oír. La idea es poder asir una materialidad diferente a la del pensamiento, que proponga un desplazamiento de centro e inmediatamente de gramática, de método, de operación. Allí, la imagen, el sonido (cuando lo haya), el vino, el cuerpo y la combinatoria de todo esto dará herramientas para volver entonces al lenguaje, dialogar respecto de esa experiencia.

Kadmillus Haimrich & Gonzalo de la Quintana – Buenos Aires, mayo, 2017.
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