Libros para toda la vida

Conversatorio con Eric Schierloh y Lucas “Funes” Oliveira                                                           

El pasado 29 de mayo se realizó en La Libre la primera Feria del Libro Artesanal, entre una amplia gama de libros que iban desde cartoneros hasta refinadas encuadernaciones de tapa dura, con una afluencia de público que atiborró el primer piso de la librería, nos acomodamos para llevar adelante un conversatorio sobre el tema que nos convocaba. Los protagonistas de la charla fueron Eric Schierloh, editor y orfebre de Barba de Abejas y Lucas “Funes” Oliveira, alma mater y editor de Funesiana. Rubio uno, morocho el otro y sagaces los dos, estos editores-artesanos compartieron las historias de sus proyectos, sus modos de trabajo y sus ideas sobre el libro artesanal, el libro en general y sus posibles alrededores. La charla estuvo estructurada de acuerdo a tres ejes temáticos que sirven como subtítulos de este artículo. Sin dar un registro exhaustivo de todo lo hablado, se presentan aquí algunas de las ideas que se movieron ese día.

El pasado se enhebra en el futuro

A fines del siglo XIX y principios del XX, en movimientos como Arts and Crafts de William Morris, se tendía a oponer un tipo de producción industrial y moderna con otra artesanal y medieval. Hoy en día, en cambio, las máquinas de la industria post-moderna permiten revivir en baja escala la producción artesanal. Impresoras, computadoras y textos circulando en formato virtual facilitan el desarrollo de proyectos caseros en el mundo del libro. Sobre este punto Funes recordó que: “Cuando empezó la editorial era un momento en el que mucha gente estaba escribiendo en blogs y otros formatos digitales. Entonces había cierta demanda de un formato más tangible y a la vez accesible. A partir de ahí empieza una historia paralela en el mercado editorial argentino con la construcción de pequeñas editoriales en este formato. Creadas por personas que se animan a mezclar técnicas que nunca se habían mezclado, como por ejemplo descargar un libro con un código QR y después encuadernarlo.”
Ese carácter anfibio, que se mueve sin problemas entre lo manual y lo virtual, ofrece de manera constante nuevas posibilidades, como por ejemplo el proyecto La revolución del amor que, en palabras de Funes: “es un sistema que empezamos a armar hace poco tiempo, se trata de distribuir el PDF a distintos encuadernadores en distintos lugares. Por ahora hay tres o cuatro ciudades en Chile y muchas acá en Argentina. Acercamos el PDF del autor y el encuadernador se encarga de producir y vender el libro. Eso nos ayuda a tener una mayor distribución y compartir el negocio de editar nuevos títulos de autores contemporáneos. Me parece que es una linda oportunidad para un autor de tener su primer libro distribuido en distintas ciudades de manera artesanal. Hasta ahora está dando muy buenos resultados, hicimos una prueba piloto hace dos años en Rafaela, Rosario y Córdoba. Y en Valparaíso en Chile. Ahora se sumaron San Felipe y Santiago de Chile, también hay gente en Mendoza y en La Plata. Y unas chicas en Montevideo que van a empezar a trabajar.”
Eric Schierloh, por su parte, se preocupó por destacar aquello que hace del libro un objeto único: “El libro es como la cuchara. Y me parece que el lugar de los proyectos artesanales debería ser de humildad, de reconocer que el libro es el resultado de una larga evolución en la que participaron grandes maestros a los que no queda otra que copiar. A lo sumo se puede agregar algún nuevo material. Pero el libro es lo que es. Por algo el rollo y el códice quedaron perdidos, porque se demostraron poco prácticos, ocupaban mucho lugar, se destruían con el uso. En cambio el libro generó un estándar diferente. Ahí hubo una revolución del diseño ante la cual nosotros no tenemos nada que hacer. William Morris estaría orgullosísimo de levantar el libro que editaron los chicos de Mochuelo sobre él, o cualquiera de los libros que están acá. ¿Por qué? Porque es el estándar que él mismo buscó fijar. Y no como ludita que odiaba las máquinas. Sino porque vio que en la productividad en serie había un desgaste que nos llevaba de nuevo al rollo, que llevaba a despreciar los materiales. Eso es algo que me parece importante destacar. El libro llegó a una especie de ápice evolutivo. Y acaso lo que nosotros tengamos que hacer sea darle tiempo, oficio, trabajar bien los materiales, construir un catálogo, armar un circuito.”

La materia irrumpe

Surge en este punto una bifurcación, la primera senda nos lleva a una cuestión de logística. Nos encontramos con los límites de la producción artesanal frente a las tiradas industriales. La materia irrumpe e impone su ritmo. ¿Qué ocurre cuando un libro tiene una demanda mayor de la que se puede satisfacer con el trabajo manual? ¿Cómo circula un título con una tirada de cuarenta ejemplares en un mercado diseñado para tiradas de varios miles? La segunda senda nos lleva a una cuestión más profunda. Y es que el libro, y más aún el artesanal, es un objeto rebelde ante la lógica que suele regir al resto de nuestros objetos técnicos. En un contexto en el que todo se fabrica para durar poco, porque la necesidad del mercado así lo impone, el libro artesanal resiste como una de las pocas cosas, o tal vez la única, que está hecha para durar toda la vida. No hay aquí obsolescencia programada. La materia irrumpe para quedarse.
Para Schierloh esa resistencia tiene olor a pólvora: “Esto es Iwo Jima, pero vamos a resistir. Vamos a cavar un montón de túneles. Es una batalla perdida de antemano en los términos de los otros, pero no importa, defenderemos la isla de la edición artesanal en medio del mar.” Después, un poco menos beligerante, reflexionó: “El libro se lleva bien con la acumulación, con la gente que compra sin saber por qué, que compra por miedo de que el libro desaparezca, la gente que es fetichista. En cambio el libro digital es platónico. Prescinde de la acumulación, cosa que a todos nos viene bárbaro por la cuestión del espacio. Pero ahí es donde el libro artesanal ha sabido encontrar su estrategia de supervivencia. Nunca se propone llegar a todos. Conoce sus limitaciones, sabe que sus materiales son diferentes, que su público y su circuito es diferente y está contento con ser Iwo Jima.”
Con respecto al problema de la producción el blondo y barbudo editor explicó: “Uno produce en base a la oferta que puede generar o a los pedidos reales que existen. El día de mañana algún título volará al mundo del libro industrial. No estaría mal, sería como un mercado híbrido, en el que algunos títulos requieren de una naturaleza industrial para llegar a otros lugares. Lo que pasa es que yo no veo que eso tenga sentido, para mí el sentido de llegar a otros lugares es el libro digital.” La experiencia de la lectura también es diferente. Recordando a Roberto Calasso, Schierloh recordó que: “Cuando estás leyendo estás solo. El papel te aísla, la tela te aísla. El libro industrial, como el libro digital, deja eso de lado. Nosotros lo potenciamos: cada obra tiene un nuevo sentido en el contexto de un catálogo, y está encuadernada con materiales nobles, con buenas tipografías y diseño”.

El trabajo de Funesiana presenta una diferencia importante con el de Barba de Abejas, que es el trato exclusivo con autores vivos, con sus potencias y sus expectativas. Sobre ello se explayó Funes: “Hay como una fantasía cuando uno empieza a publicar, me pasa mucho con los autores porque trato con primeros libros. Yo publico cuarenta ejemplares por título y esos cuarenta se muestran el día de la presentación. Hay una fantasía del autor de suponer: ¿Qué pasa si vendo cincuenta? o ¿si vendo la tirada completa en quince segundos porque lo anunciamos en un twitt? ¿Cómo manejas esa información? ¿Vas a cumplir con la demanda? Es muy loco tratar de lidiar con eso. Obviamente yo no le digo al autor que no se va a vender. Pero hay como una especie de diálogo-danza árabe en el que nos vamos acariciando mutuamente hasta que logramos entendernos.”
Según Funes el rol de Funesiana es más modesto y efectivo que el de una editorial industrial: “Mi plan es acercar al autor al mercado editorial. Hay gente que ha vuelto de toda esa rosca. Ya tienen veinticinco títulos, les han pagado adelantos y quieren volver a publicar en editoriales como las mía. Aunque trato de esquivarle a eso porque tengo miedo de que me exijan como a una editorial grande, que consiga reseñas en los medios por ejemplo. Me pasó con tres títulos que los autores los presentaron en una editorial mediana y otra grande. Y me pidieron que dejara de hacerlos porque les convenía que circulara por otro lado. El libro mismo lo pidió y el mismo autor hizo un recorrido que llegó a eso. Pero en general el libro que yo hago tiene un recorrido más chiquito, más humilde.”

Coqueta y arrabalera

Dentro de la categoría de lo artesanal se mueven producciones muy distintas. Libros cartoneros o hechos con materiales reciclados conviven con encuadernaciones de lujo, objetos trabajados con rigor y pericia artística. Si bien puede parecer que estos polos no conviven, en cuanto se observa con mayor detenimiento se advierten los hilos que vinculan a todos los proyectos. Funes lo dejó claro al comienzo de la charla: “Funesiana surge después de conocer un libro cartonero, no podía creer que pudiera haber un libro tan feo. Yo pensé que hacerlo mejor no debía ser tan difícil. Tuve que averiguar, tuve que preguntar y descubrí un mundo pequeño con tres o cuatro encuadernadores que estaban escondidos en una biblioteca. O sea que había un mundo ahí totalmente inexplorado.” Y Eric, por su parte, completó con su relato el recorrido de las correspondencias ocultas: “Para mí es un honor compartir esta charla con Funes porque para muchos de los que vinimos después, él fue una fuente de inspiración. Barba de abejas es muy diferente a Funesiana, por suerte, porque si hay algo que reina en este mundo de la edición artesanal es la diversidad.”
Es esa diversidad la que garantiza la riqueza de un circuito en el que lo coqueto y lo arrabalero se potencian. “Hay una persona por cada proyecto editorial” explicó Funes “y esto es increíble, porque si surge esa necesidad es porque hay un nosotros, hay alguien que pide que vos lo hagas para poder comprarlo, hacerlo circular, elogiarlo, admirarlo.” Y sobre la marcha se va aprendiendo, según Funes lo estimulante de este trabajo es: “Encontrarle la vuelta a cada autor. Obviamente nos ha ido mal y nos ha ido bien con muchos, vamos haciendo prueba y error. Porque cada cosa tiene que ver mucho con lo que sucede alrededor, es muy orgánico. Todo lo que está alrededor se contagia de vida y va reviviendo al autor, le va dando entidad y va haciendo crecer una plantita.”
La rueda sigue girando entonces, el sistema de correspondencias y reciprocidades se mantiene activo y el circuito va creciendo. Imposible saber hoy hasta dónde puede llegar o cómo puede mutar en el camino.*

 *Darío Semino

(Video del conversatorio – parte 1)

Sábado 1 y domingo 2 de octubre 2º Feria del Libro Artesanal   en La Libre: libros objetos, charlas, talleres, exposición de grabados y mas! Les esperamos.

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Un comentario en “Libros para toda la vida

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