El misterio de lo viviente, la maravilla en una escama, los posibles en la pintura de Lula Mari

Está siendo un pez que está siendo un misil que está siendo un ave que está siendo un pez que está siendo un misil. Hay un portal. Ante al pez que está siendo un misil que está siendo un ave que está siendo un pez… la grieta de luz se abre otra vez por primera vez. Está siendo un ciervo diminuto que está siendo una rana perfecta. Está siendo un ave y una mujer en las lides del amor o de la guerra. Está siendo el misterio. Está siendo una oveja del Kurdistán.

Hay una red viviente, ebria de proliferaciones: el misterio no es misterio por lo que se oculta sino por lo que se manifiesta. No hay un secreto sino una fisura hacia cierta experiencia inenarrable y potente. Se trata de intuir la presencia de un cifrado. El vidente será, en todo caso, quien esté ciego para lo obvio y sea proclive al asombro, a la composición inesperada, a la música inaudita del mundo.

El pájaro no representa al misil, ni el misil al pájaro o al ave, del mismo modo que el ave no representa al pez ni el pez al ave ni al pájaro. Está siendo un pez que está siendo un misil que está siendo un ave que está siendo un misil. El misterio no es la otra cosa tras las cosas, es la potencia intensa de las cosas mismas. No está en equis sino que está siendo.

La mujer ciclópea está siendo, diáfana, como aquella otra está sentada en el vacío con el agua prístina y radiactiva (el agua en sunuestra cintura). El misterio es el resto inagotable, el fondo maravilloso en la superficie misma de las cosas. Una granada que es una granada.

Hay burbuja azul, esperma azul, proliferación azul. La experiencia del misterio, de las redes borrachas inauditas demenciales sutiles de lo viviente, es maravilla. La maravilla no es el milagro, la maravilla requiere una sensibilidad enorme que permita el contacto inenarrable con el mundo, el intercambio diminuto y desmesurado con el mundo. Al carajo con la estética si la estética es la descripción de un canon de mercado y no un decir sobre lo sensible.

Hay una mujer de falda verde que es y no es la tormenta. Percibir las fuerzas indómitas de este mundo, no requiere un saber académico sino una sensibilidad pagana. Hay un mono que nos mira a los ojos y saca la lengua.

Hubo comunidades que hicieron posible la demiurgia, el arte, el oficio y la mancia por la cual era posible intervenir y expandir al mundo. Aumentar su resonancia, amplificar. El demiurgo fue herrero, carpintero, adivina, curandero, bardo… El logro técnico y el éxito mágico eran equivalentes. Las comunidades donde el demiurgo fue posible, fueron comunidades donde lo que llamamos real era una danza factual de dioses, hombres y naturalezas.

Sólo una comunidad que no ha desterrado de sí a lo maravilloso puede parir un demiurgo, porque en definitiva, el demiurgo sólo es aquel que comprende que a través de su arte, de la reiteración de pequeños gestos, transforma la materia radiante del mundo, la materia que también lo compone. Quien acá pinta está de pié sobre una serpiente que no deja de moverse y se mueve con ella. Está siendo una demiurga.

Natalia Ortiz Maldonado

Mas de Lula Mari en www.lulamari.com.ar

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