Kodama

“Éramos de otro planeta”

 M.K.

La conocí en un mundo extraño: el de los tribunales. Pálida, toda vestida de blanco y emanando una indiferencia que daba escalofrío, sentada ahí, en el querellante, parecía la reina de un planeta helado donde la gente vive mil años. Una Princesa Leia imperturbable, que había descendido a este rincón de la galaxia para imponer, primero por todas las vías legales, su sólida cosmovisión. Prácticamente todos en este planeta, a su manera de ver, merecíamos juicio. Habíamos seguido el camino errado. Habíamos usado en vano el nombre y las palabras de Obi Wan.

Yo estaba entre el público, de curioso. Era, creo, y todavía soy, de los pocos a quien Kodama no había citado nunca en un tribunal. Un muchacho de mi edad, Pablo Catcher, escritor como todos en este mundo, ocupaba el banquillo de los acusados del día. El juez, un novelista muy influenciable, dio comienzo a la sesión invocando el sagrado nombre de Obi Wan. Citó después unos veinte colegas, todos presentes en la sala, dispersos. Al parecer la única no escritora ahí era la querellante, y eso no sé si podía ser bueno. Su causa, que me parecía injusta, cobraba más fuerza con su soledad.

Featured imageEl proceso duró dos horas. La declaración de Catcher fue seguida por el juez con expresión de fastidio y de no estar entendiendo, como si le hablaran en finlandés. El acusado era errante para hilar palabras; no conocía la fluidez ni la claridad. El abogado de la querella, en cambio, fue elocuente. Emocionó su remate y la síntesis de la relación entre Kenobi y Kodama como un pacto de amor y protección eterna. Y ella fue apenas rotunda: pronunció siete palabras. Dijo: “Sólo pido una cosa: respeto y castigo”. Un escritor del público canchereó: “Esas son dos cosas”. Lo conocía a ese que habló: un tarado de la facultad. El fallo encontró culpable a Catcher por uso sin licencia de las palabras de Obi Wan y difusión ilegal de las mismas. Eso es una sola cosa, pensé.

Bajé corriendo los escalones del edificio y la vi a Kodama al pie de un Mercedes blanco. Alcancé a gritarle: “¿Cómo puede pedir que se castigue a un lector de Kenobi? ¿No se da cuenta de que así promueve la quema de libros?”. Ella se dio vuelta y me clavó los ojos. Me dijo: “Es tarde. Tengo frío”. La voz era neutra, como si la hubiera comprado en un mercado de tonos de voz. El chofer encendió el motor y esperó a que su guía le hablara. Segundos después, el Mercedes salió dis­parado hacia un rincón cual-quiera de este mundo sin magia. Alguien planeaba su próxima acusación y yo me quedé en la vereda sin ganas de volver a casa, mirando fijo el cartel de una publicidad de cigarrillos que tiene el mismo eslogan desde hace, por lo menos, treinta años.

*Cristian de Napoli

*****

“Kodama” se encuentra dentro de su reciente libro de relatos y cuentos Darth Vader & Yo, publicado en septiembre de 2015 por Imposible Ediciones.

Este jueves a partir de las 10 hs por Radio La Otra, Damian Cabeza va a estar hablando sobre otro de los cuentos de este libro “Agua de Napoli”. Escuchalo por acá http://radiolaotra.com.ar/

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