El gato con botas

Mi película favorita de todos los tiempos es el Gato con Botas. Ojo, una versión que se filmó en un descampado de los ochenta, enfrente a un almacén, en un barrio muy humilde y arbolado.

Memoria uno. Mesa de la cocina, mamá dibuja con lápices una carátula para primer grado. La veo concentrada disfrutar de los colores. Pintando cuenta algo que no tiene que ver con el dibujo, no me acuerdo sobre qué habla, pero sí que la voz de ella suena hipnótica. Marca un tempo fuera de los renglones, del tiempo. Esto se intensifica cuando canta, a media voz. No hay televisión, todavía no es época (para los bolsillos de nuestra familia).
Mientras la hoja rayada del cuaderno araña se llena de colores, suena la radio, am. Es de noche. Mis hermanas duermen. La canción no sé, puedo inventar ahora que es una de Nicola Di Bari. Y lo que sí, cualquier cosa que pase en la cocina, es enhebrado por el ruido de la heladera verde que está a medio metro de la mesa donde estamos con mamá. Los platos en la pileta, sin lavar.

Es difícil separar, para mí, los sonidos de las imágenes que tejen la posibilidad de narrar de otra forma, apoyándose en las letras y los gestos que las exceden y complementan, pero también, liberando en las palabras un poco de la energía que guardan como cápsulas de poder. Porque eso creo que son.
La música, ya sabemos, no es solamente, las melodías nacidas con instrumentos “oficiales”, sino todo lo que tenga ritmo, posibilidad de expansión y contracción, silencios, repeticiones.
Dibujo desde muy chico. Y empecé a narrar la película de la semana, a los compañeros sentados en las gradas de la primaria que no tenían tele cuando en mi casa hubo una, o cuando los padres no dejaban ver por fuera del horario de protección al menor.
Con el tiempo y muy de grande fui dándome cuenta que habían alguna especie de puente entre todas estas manifestaciones. No descubrí la pólvora. Pero sí fui hallando que había en mí, una inclinación a tejer ciertas energías contrapuestas, inciertos planos de aquello que llamamos arte. Así fui fabricando mi propia pólvora. Nunca me propuse un plan programático de investigación en lenguajes cruzados, va saliendo a fuerza de prueba y error, sin darme cuenta de lo que estoy haciendo.
Me alegra que sea así. Y así, ojalá, continúe. En el arte, es mejor no ser tan consiente (de ciertos mecanismos), así el hacer está libre de especulación.

Memoria dos. Historietas. Con mi mejor amigo de la primaria coleccionamos el Tony porque trae una aventura que nos encanta, Mark. Con mutantes, paisajes apocalípticos y un amigo semi-infectado que lucha contra su mutantez, poniéndose un brazo de fierro. Tanta es la influencia de Juan Ángel, este amigo, que me pongo a dibujar mis propias aventuras sobre Mark. Pero mezclando la historia con los extraterrestres lagartos de V Invasión.
Y tanto dibujo, cada tarde y rinconcito de papel que encuentro, que en la adolescencia supongo que voy a seguir eso, dibujante de historietas. Con mis papeles manchados de tinta voy varias veces a la Fierro de Venezuela y Juan Lima me recibe en cada oportunidad con respeto, y buen aliento de maestro. Con el tiempo nos hicimos amigos.

Memoria cuatro. Veintiséis años, a un flaco, que nos venimos cruzando y saludando con curiosidad y onda desde la adolescencia, y que sé que es músico, freno una tarde que me lo cruzo tres veces en menos de dos horas y, le digo: Tengo una idea.
Él es Mariano Barnes, tiene un estudio y un millón de instrumentos distintos y desconocidos para mí. Es junio de 1999, nos juntamos a tomar unos mates y durante seis meses en secreto, desarrollamos mi primera historieta musical, Moustro. Él la ilustra por completo con música. Es un proyecto laboratorio.

¿Qué son las historietas musicales?
La exploración de eso que me pasaba mientras dibujaba una secuencia, y decía: acá iría esta música, o este sonido del viento. O algo completamente inesperado. Esta frase se dice así, y que el que haga el rulo mental sea el lector. Muy parecido al cine, pero con la cualidad que nos ofrecen las palabras de dejar la imagen al libre albedrío de quien imagina, valga la redundancia. Burroughs me ayudó a definir, gracias a algo que leí que hacía con sus cuadernos de recortes, donde juntaba cosas aparentemente sin sentido y terminaba construyendo nuevos significados, poderosos. Un cadáver exquisito (o como le llaman hoy, por fobia de buen gusto, Mash Up), amplificado, más allá de, y con los papeles, pero antes del teatro y del cine y muy lejos de la narración oral “profesionalizada” por las chicas Bovo; donde todavía podamos tener la sensación de estar frente al fuego, como le gusta a Sinónimo Ingouville, asando algo, y espontáneamente alguien tome la palabra y los gestos y nos transporte a otro universo.
Por ahora, es todo lo que puedo decir.

Memoria tres. Juan Ángel me cuenta sobre un dibujito animado increíble, en el descampado enfrente de su casa en los Altos de Merlo. La música que nos rodea es el viento en los árboles.
La mamá tiene un almacén en ese barrio (uno de los más humildes del partido) y podemos comer sin restricción vainillas mientras juntamos flechitas (un yuyo con unas cosas que al tirárselas a alguien, se le quedan incrustadas en la ropa) para hacer una guerra de la remera insoportable. Así se pone la tela cuando te ensartan demasiado con aquel pasto.
El dibujito que cuenta Juan Ángel es el Gato con Botas (pero ojo, el de los ochenta). El gato tiene un látigo y salta de árbol en árbol como Tarzán. Mi amigo vuelve cada imagen que relata, tan vívida, impacta de tal manera (en ese preciso momento decido volverme dibujante), que cuando me pregunten (y por años será así) digo que ésa es mi película favorita. Nunca aclaro que no la vi. La busqué por años en los videoclubes.
Cuando nos volvimos a encontrar con Juan después de los treinta, un día tomando un té le pregunté si se acordaba quién había dirigido esa versión del Gato con Botas que me contara en el descampado. Se rió sacudiendo el pelo lacio y oscuro, cerrando los ojitos. Ahí me enteré que no existía la versión fílmica. O sí, en mi mente, y la había dirigido él. (Juan me confesó que hizo una mezcla de Indiana Jones con Bambi, Sandokán en uno de esos libros amarillos colección Robin Hood, y la parte más porno de la Novicia Rebelde.)

*German Amato

******

12108893_1051573741533644_1254288382375493937_n

Este jueves 22 de octubre: Historietas musicales en La Libre

German Amato adelanta su libro musical: Tango in Esperado

Musica y poesía: Naty Menstrual, Lucas Fauno Gutierrez, Maia Duek, Martin Chiapponi, Morel Otoño, Ben Whitaker.

Bolívar 646 – San Telmo – CABA

Entrada gratuita

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s