Bibliotecas que borran fronteras

– Por Darío Semino –

Un modo posible de recorrer Medellín es a través de sus bibliotecas. Decenas de recorridos se pueden trazar sobre su sinuoso tejido urbano teniendo como destino cualquiera de las bibliotecas que lo pueblan. Allí se pueden realizar las actividades típicas: la lectura, el estudio y la investigación. Todas están bien equipadas y cuentan con salas de computadoras con conexión a internet que se pueden usar gratuitamente. Pero más allá de eso, si uno le presta atención a lo que ocurre entre páginas y pantallas, va a notar que cada biblioteca, tanto la más pequeña como la más grande, contiene un hormigueo de actividad permanente. Los ratones de biblioteca no son los únicos habitantes aquí. Este artículo es una invitación a descubrir cómo es ese movimiento, que es lo que hay detrás y cuál es su historia.

Conectando territorios

Shirley Zuluaga es Subsecretaria de Bibliotecas, Lectura y Patrimonio de la alcaldía de Medellín, es la primera persona a la que me dirijo para empezar a tener un panorama general del funcionamiento de este sistema bibliotecario que ha sido reconocido a nivel internacional. Zuluaga cuenta que durante la década del 90, en los momentos más duros de la guerra contra el narcotráfico, la actividad cultural funcionó como un espacio de resistencia y como una forma de contrarrestar la violencia que crecía en la sociedad. Esto posibilitó que con el comienzo del nuevo siglo se tomara desde el Estado la decisión política de desarrollar con intensidad el área. La asignación presupestaria en cultura es importante y las bibliotecas ocupan en ese esquema un lugar de relevancia. No solamente se desarrolla el sistema que integra el funcionamiento de todas las bibliotecas públicas sino que se construyen los nueve parques bibliotecas que son las joyas del grupo.

En cada biblioteca trabaja un equipo interdisciplinario integrado por bibliotecólogos y profesionales de diversas áreas, psicólogos, pedagogos, sociólogos y también escritores. Junto a los programas de promoción de la lectura y la escritura que se aplican de manera general, cada equipo y cada integrante del sistema está ideando permanentemente nuevas formas de activar en la comunidad. Además cuentan con la participación y la consulta permanente con actores y líderes de los barrios en que se insertan.

20150320_094210No es posible ni deseable enumerar en un artículo todas las acciones llevadas a cabo. Basta con mencionar algunos ejemplos para tener una idea. El programa “Pasitos lectores”, que trabaja con los chicos que están empezando a leer pero que también hace partícipe a los padres, dado que ellos les tienen que dar el ejemplo a los niños. Los talleres de alfabetización de adultos, en la Biblioteca de Santa Cruz pude ver los papeles donde personas de entre sesenta y ochenta años habían enescrito sus nombres por primera vez. El programa “Abuelos cuenta cuentos”, donde los abuelos de cada barrio narran historias. O el programa “Lecturas por teléfono”, desarrollado en el Parque Biblioteca San Javier, donde los vecinos arreglan para que se los llame a una hora determinada y se les lea por teléfono una obra literaria de su elección. A esto hay que sumar una gran cantidad de acciones vinculadas con la recuperación de la memoria de los barrios, acciones que van desde muestras fotográficas y artísticas, digitalización de archivos, reconstrucción de historias de líderes y personajes de la comunidad, caminatas por las calles, mapeos de diversos tipos y cualquier cosa que se les esté ocurriendo mientras se leen estas líneas.

Todas estas acciones tienen su punto de encuentro en una consigna que define la visión política y social que hay detrás de ellas. Zuluaga lo dice con claridad: “lo que hacen las bibliotecas es conectar territorios.” Y esta afirmación tiene un peso mucho mayor del que se puede creer a primera vista, y no solamente por la compleja topografía de valles y montañas que posee la ciudad y que dificulta el acceso a diversas zonas. También hay que tener en cuenta un fenómeno que es común a muchas ciudades colombianas: “las fronteras invisibles”. Este término refiere a los límites creados por las organizaciones armadas en disputa que pueden fragmentar el territorio de acuerdo a la dinámica del enfrentamiento entre las bandas. Ese fue el caso de El Limonar, donde por mucho tiempo estuvieron vigentes las fronteras invisibles que dividían el barrio en dos. En la parte conocida como Limonar 1, desde la biblioteca del barrio, se llevó adelante el proyecto “Limonativos” (ver: http://limonativos.blogspot.com/) de recuperación de la memoria y la cultura de la comunidad mediante la colaboración intergeneracional de los vecinos. Pero no fue sino hasta agosto de 2013, después de un acuerdo de no agresión de los grupos armados, que el Limonar 2 pudo integrarse al proyecto. Vecinos que habían quedado aislados de la biblioteca pudieron volver para aportar sus historias y ayudar a completar la cartografía del territorio.

Si bien hasta el momento hablé de bibliotecas públicas hay que señalar que toda la red funciona con una lógica mixta en la que el Estado es muchas veces garante y timonel pero no actor exclusivo. A las veintinueve bibliotecas del sistema público se agregan muchas más, en un arco de experiencias que va desde el activismo comunitario hasta la cooperación internacional. La multiplicidad de actores constituye una característica esencial de este universo bibliotecario. Y para entenderla hay que hacer un poco de historia.

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Una historia con varios comienzos

Adriana Betancur es bibliotecóloga y posee una basta experiencia en el área. Conoce como pocos el desarrollo de las bibliotecas en Medellín, cuya historia se cruza con su propia historia de vida. Según ella se puede ubicar un primer hito en 1952, cuando la UNESCO elige a la ciudad para construir la Biblioteca Pública Piloto. Cuenta Adriana: “En el 45 la UNESCO empieza a pensar en la biblioteca como recurso para apoyar a los países de África y América Latina con altos índices de analfabetismo. Se ve la biblioteca como una posibilidad de educación popular. No la educación popular de la teología de la liberación sino con la idea de que sea un centro para que la gente aprendiera a leer y escribir. Crearon tres bibliotecas pilotos para que sirvieran de referencia, una en Nueva Delhi, una en Nairobi y la otra en Medellín. El criterio para elegir a Medellín fue que tenía mayor población obrera que otras ciudades de la región. Hay un dato muy curioso y es que los directivos de la biblioteca se tenían que formar en Estados Unidos. Al fin y al cabo era la época de la Guerra Fría y la biblioteca también era una manera de influir en la región. Pero a pesar de eso fue muy importante porque creó muchos programas que aquí nunca se habían hecho. Ya que sea todo un edificio destinado a la biblioteca era algo nuevo. Además tenía colecciones nuevas, seleccionadas con criterio, no sin censura obviamente, porque la Iglesia siempre estuvo presente como dispositivo de control. También se crearon programas de lectura muy novedosos para la época, cajas viajeras, servicios a hospitales, a cárceles, a restaurantes donde iban los obreros, bibliobus que recorría las comunidades prestando libros. Y junto con eso la creación de filiales en diversos puntos de la ciudad. O sea que de alguna manera mostró lo que una biblioteca podía hacer.”

El segundo punto a tener en cuenta son las bibliotecas populares. En los años 70, 80 y 90 las bibliotecas populares representaron para la sociedad un capital de gran importancia, según Adriana: “Funcionaron como una respuesta a la ausencia del Estado en los sectores más pobres de la ciudad, zonas afectadas por la violencia y el desplazamiento de gente de diversos sectores del país. Fueron creadas y gestionadas por las mismas comunidades. Y han defendido y validado su autonomía como la esencia de su accionar y de su intervención. Trabajando muchas veces con la influencia de la teología de la liberación o las teorías de Paulo Freyre, fueron espacios de participación para dar la lucha para lograr mejores condiciones de vida. Muchos procesos sociales, barriales y comunitarios se pudieron activar gracias a ellas. Actualmente, en la medida en que la administración municipal asumió los compromisos que le corresponden, las bibliotecas populares entraron en un escenario de reorganización y redefinición del espacio que deben ocupar.”

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Las bibliotecas populares, por otra parte, generaron una experiencia acumulada que terminó nutriendo a todo el sistema. “En la década del 80” -recuerda Adriana- “empiezan a entrar los bibliotecarios populares a estudiar bibliotecología. Entonces la formación tecnicista que se daba hasta ese momento empieza a dar un viraje. Formamos un movimiento estudiantil de bibliotecología, creamos un programa radial que todavía existe y que era manejado por estudiantes. Creamos un periódico y organizamos encuentros de estudiantes para preguntarnos qué sentido tienen las bibliotecas en esta ciudad, qué es la bibliotecología. Eso hizo que nos fuéramos formando en lo social y lo político.”

Por último queda mencionar el aporte menos esperado, el del sector privado. El desarrollo de la industria, principalmente la textil, requirió a partir de mediados del siglo XX más mano de obra de la que había en la ciudad: “Empezaron a venir muchos campesinos a trabajar, pero no tenían la formación de trabajo de fábrica. Entonces entre la Iglesia y los empresarios fueron desarrollando dispositivos para adoctrinar a esa mano de obra, que mucha era infantil y femenina. Se crearon patronatos donde las obreras vivían y eran controladas. Ese dispositivo elevó mucho los niveles de productividad. Y con el tiempo se hicieron muchos barrios obreros pensando que, por ejemplo, las viviendas quedaran cerca de las fábricas, que hubiera escuelas y centros de capacitación. En los cincuenta se crearon las cajas de compensación familiar. Que es un sistema de subsidio familiar. Las empresas les pagan a las cajas para que manejen los beneficios para los obreros. Estas crearon programas de vivienda, educación y salud. Y a partir de los setenta empezaron a crear bibliotecas en los barrios, bibliotecas que son del sector privado pero que cumplen una función pública, porque puede entrar todo el mundo en ellas. Estas bibliotecas lograron un desarrollo muy grande porque no tenían las trabas que tenía el Estado. Estaban actualizadas, con tecnología de punta, personal capacitado y seleccionado de acuerdo a sus aptitudes y no por los arreglos de la politiquería. Desarrollaron un montón de programas novedosos, de promoción de lectura y otros rubros. También desarrollaron servicios de información local, que son servicios en los que las comunidades construyen su propia información y la convierten en conocimiento.”20150331_140821

El relato de Adriana pone en evidencia los múltiples orígenes y desarrollos que han tenido las bibliotecas de la ciudad. El acierto de la política cultural no consiste en haber creado algo nuevo sino en haber sabido aprovechar y potenciar aquello que estaba latente en la comunidad.

20150330_132833 Para terminar la charla le pregunto a Adriana sobre el rol de las bibliotecas en el contexto actual, teniendo en cuenta todos los cambios que se dan a raíz de internet y las nuevas formas de comunicación: “Yo veo que el rol de las bibliotecas ahora es muy interesante y muy rico pero creo que las bibliotecas que no han sido articuladas como un proyecto social, en relación con las necesidades de la comunidad, no van a permanecer. El papel de la biblioteca es la formación de una comunidad lectora. La escuela crea y forma lectores funcionales, pero la biblioteca crea lectores para la vida. Lectores del texto y del contexto. No unos anacoretas que están todo el día encerrados. Sino lectores que cuando salgan afuera sepan interpretar el contexto y las realidades de su comunidad y del mundo. Por otra parte no todo está en internet. Cuando hablamos de las comunidades tenemos que pensar en la información que surge del territorio, cómo las comunidades están en condiciones de construir y recuperar su información, sus historias. La biblioteca hace una lectura permanente del territorio. Y eso no significa que sea localista. Es tan universal como local, maneja las dos miradas. La biblioteca debe ser un dispositivo para activar procesos sociales, y para eso internet es bienvenida.”

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Las divas

Ahora estamos en el metro, nos bajamos en la estación Acevedo y nos dirijimos a la conexión con el teleférico. Vamos hasta la última estación. Nos acomodamos en la cabina y comenzamos suavemente el ascenso. Por debajo, casi a nuestros pies, va pasando el oleaje de casas con techos de chapa y paredes de ladrillo. Se ve la vida de todos los días filtrándose por las calles y pasillos casi verticales de la comuna. Arriba se asoman tres inmensos bloques negros. Todos los turistas que hacen este recorrido se preguntan qué son esos edificios oscuros que parecen parados al borde del abismo. Nosotros sabemos que son una biblioteca, o mejor dicho, un parque biblioteca.20150322_144802

Con una de esas vistas en las que Medellín se muestra entera, como un pavo real que despliega su cola, nos recibe el parque biblioteca España. Las “Tres piedras”, así le dicen a los edificios que la conforman, pueden lucir frías desde afuera pero adentro todo es amable. Un grupo de vecinos, niños y adultos, está mirando una película de Miyazaki en el hall central. Tras un recorrido por las instalaciones vamos identificando las áreas que después se van a repetir en los otros parques: zona de lectura, hemeroteca, zona de lectura para chicos, ludoteca, sala virtual, sala virtual infantil, sala mi barrio (que funciona como enlace entre los vecinos y la alcaldía) auditorio y diversos espacios destinados a muestras y talleres.

Los nueve parques biblioteca son las divas del sistema público. Como el nombre lo indica son más que bibliotecas. Cada uno tiene un diseño propio, en algunos casos son arquitectónicamente impresionantes y en todos es evidente que la utilización del espacio, la movilidad dentro del edificio y la integración con el territorio fueron pensados con acierto. De acuerdo a gustos personales cada cual puede tener su favorita, en mi caso no puedo negar que me conquistó el parque biblioteca Belén, con su diseño de influencia japonesa y su inmenso espejo de agua central que invita a la contemplación y meditación.

20150325_162136Favoritismos aparte, lo cierto es que ninguno de los parques es un lugar oscuro, el afuera les entra todo el tiempo a través de ventanales, espacios abiertos, miradores y muros de vidrio. En todos se lee con luz natural. Los edificios centrales suelen extenderse en zonas de parque, a veces con ecohuertas y rampas que aprovechan los skaters. Algunos se encuentran en barrios de clase media, otros están en zonas muy humildes. Los principales visitantes son siempre los jóvenes del barrio. Las ludotecas, las secciones de libros infantiles y las salas virtuales para chicos son los espacios más visitados. Además existe una amplia gama de talleres y actividades en los que pueden participar, desde lectura hasta artes marciales.

En lo que hace a la financiación, gestión y organización, los parques bibliotecas demuestran ser el resultado de la rica gama de experiencias que hay en la historia de la ciudad. Si bien son públicos funcionan bajo un modelo de corresponsabilidad público-privada en el que participan diversas dependencias municipales junto con las cajas de compensación familiar. El vínculo con las comunidades está garantizado porque cada parque cuenta con una Mesa de Trabajo en la que los funcionarios municipales y los servidores del equipamiento interactúan con ciudadanos líderes del barrio. La gestión, por lo tanto, se desarrolla de acuerdo a un esquema colectivo en el que participan la comunidad, el Estado y el sector privado.

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Tras realizar un recorrido por las bibliotecas de Medellín es posible observar cómo muchas fronteras que dividen territorios y conceptos tienden a diluirse. Dicotomías del tipo “adentro y afuera” o “público y privado” se redefinen gracias a una política que, en lugar de aplicar un modelo diagramado entre las cuatro paredes de una oficina, parte de observar las condiciones reales que se presentan el terreno. Los resultados obtenidos se evidencian en el hormigueo de las miles de personas que utilizan las bibliotecas todos los días.

Pero más allá de ideas y modelos de gestión, y más allá también de las acciones concretas que se realizan en ellas, las bibliotecas y parques biblioteca, sean o no parte del sistema público, cumplen con un rol que difícilmente puede ser medido o apreciado desde la mirada de las estadísticas. Ese rol consiste en ser espacios abiertos, bellos y seguros sin ser opresivos, donde los vecinos, principalmente los jóvenes, pueden desarrollar una de las más importantes actividades humanas: perder el tiempo.

Sería pretencioso decir que todas las personas que pasan por ellas están realizando una actividad cultural concreta. Lo cierto es que estos son lugares donde los señores grandes y serios vienen a leer el diario, donde los chicos pasan diez o veinte veces frente a la chica que les gusta, donde los freaks hacen rancho aparte porque les parece que está todo mal, donde las madres traen a sus hijos para que jueguen mientras ellas charlan sobre sus cosas. Dicho de otra manera, son lugares donde transcurre la vida, con sus intercaladas dosis de tedio, risa, tragedia cotidiana y felicidad.

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Nota de agradecimiento: este artículo fue posible gracias a la colaboración de varias personas, además de Shirley Zuluaga y Adriana Betancur que me brindaron su conocimiento en el tema, hay que mencionar el aporte realizado por los diversos participantes del sistema bibliotecario que, sin excepciones, me recibieron y mostraron sus trabajos y proyectos. Por último tengo que agradecer a mi amiga Mon Sendra, por la necesaria ayuda de sus precisos consejos editoriales.
Para saber más sobre las redes de bibliotecas en Colombia:
Medellín: http://www.reddebibliotecas.org.co/
Bogotá: http://www.biblored.gov.co/
Cali (y Valle del Cauca): http://www.bibliovalle.gov.co/
Biblioteca Nacional: http://www.bibliotecanacional.gov.co/
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