Méjico de los poetas y las tumbonas

tumbona2Por Simón Ingouville

Imagino a Jesusa Rodriguez en su tumbona, al lado un trago, junto a él un cenicero. Más allá otro trago, y subiendo con la mano que se lo lleva a la boca vemos a Liliana Felipe,  en su reposera.  A mí me gustan mucho esas dos señoras y me gusta que se gusten. Y como el amor entre ellas, me imagino el idilio entre la poseía de las puetas de Buenos Aires y Méjico.

O mejor, el de ellas dos: amor de mansas madrinazas de algo que para mí empieza y que ellas conocen perfectamente.

Mientras nuestro cronista Darío surcaba Colombia, Méjico D.F. venía a Buenos Aires en la forma de poetas, poetazas, editores y editoras, pensadores, libros,  comida, tequila, una encantadora tonada y un encantador picante. Fue un placer que más allá de permitirnos el justo de mejicanear a gusto nos dejó recuerdos y relaciones dignas de contarse. Y también dio ganas de más. Así es como esta crónica que menta a las nuevas y renovadas amistades, es de pasada un puente al pasado y al futuro.

Nuestra dicha empezó con una lectura de Fabio Morábito. El primer piso, la pista debajo del vivero, se engalanó un lunes a la hora en que la atención del librero se convierte en atención puro oídos y whisky en mano… Alguna cosa tenía en mente mi cuate Cris De Nápoli cuando dijo, en tres gestos y una oración, que a su amigazo Morábito no se lo escucha leer, sino que más bien se lo graba despacito. Y como además fue entrevistado por el rey de la Boca Rodolfo Edwards, nos dio un plus de improvisación emotiva ese hombre que nació en Egipto y hoy es mexicanísimo hasta en sus reservas, Don Fabio.

Y el viernes quiso más. Con la segunda oleada de cuates, surgió una lectura de esas que armamos con Cristian y se llaman Teachers. Rompió el molde, tuvo el tenor, la osadía y la melancolía de una religión.  Los puetas, Hernán Bravo, Luis Felipe Fabre, Milán, Ale Méndez, el mismísimo De Nápoli… una biblia de ranchera  cantada por Violeta Parra, ya que buena parte del público eran hermanos chilenos, como León, el de la calabaza del diablo y Boris, de Das Kapital. Y bebimos tequila “el tequileño” y recitamos y reímos y nos emocionamos en la pista de baile de La Libre, sobre Bolivar, al 600, entre Méjico y Chile. Luego la farra nos condujo hacia sabe dios dónde.

Lo cierto es que también hubo un sábado. En la Feria  de editoriales independentistas que organizan desde La Internacional argentina en el barrio de Villa Crespo, la cual, les avisamos que iba a estar buenísima y por suerte se repite cada tanto gracias a un notable movimiento de presentación de Malena Rey, nos conocimos con Tumbona. Notable y heterodoxa editorial. Una divinura de impertinencia en forma de editorial con tres amabilísimos irreverentes en forma de editores (dos ellas y un él, por precisar) cuyos nombres serán aportados a la brevedad. Ellos, mejor dicho ellas y él, hace diez años y vaya uno a explicarse por qué, en un viaje a Buenos Aires decidieron montar una editorial y bautizarla Tumbona, que es como le dicen a una reposera. Son, paradójicamente, acérrimos defensores del ocio y el calculado abandono. A su manera. Sus libros, cada uno muy a su personal y sin embargo hermanados, tras una picaresca de tabasco, tras la belleza, la exaltación de lo bellamente inútil, contradictorio, en arrojados y meticulosos firuletes. Un cuidado por lo presente.  Que da gusto y hace pensar. Y hace reír. Y pica un poco.

Por suerte, en un desparramo de oportunismo, hemos logrado hacernos de sus libros y los exhibiremos con orgullo a quien quiera perder el tiempo en ello y procuraremos con el mismo ahínco desinteresado hacernos de más ejemplares y regar, como quien quiere a la cosa, la relación con ellos y con cuanto editor mejicano nos presenten, haciendo lugar en la caótica ronda de brindis, amistad y reposo sin prisa, pero sin pausa.

Y hablando con estos hermanos y hermanas mejicanas, hemos llegado a la conclusión de que hay abundantes motivos para ir y venir, que la extensión no nos amilane pues da enorme gusto encontrarse. Así, por favor, por el bien de ellos, nosotros y ustedes, quien venga, vaya o vuelva, que avise. Hay mucho por conocer, llevar, traer, contarnos, hacer y deshacer juntos.

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