La resistencia que baila

Entrevista con dos de las participantes de la Casa del Chontaduro, un espacio que lleva más de treinta años activando procesos sociales y culturales en el Distrito Aguablanca de Cali

Por Darío Semino

Santiago de Cali es conocida por ser la capital de la salsa, la sede del cartel que junto al de Medellín lideró el mundo del narcotráfico en los 80 y por haber dado a Andrés Caicedo, uno de los más importantes escritores latinoamericanos de fines del siglo pasado. Sin embargo existen otras realidades menos conocidas afuera de Colombia que marcan profundamente a esta ciudad. Como todos los centros urbanos del país, Cali recibió durante las últimas décadas diversos flujos migratorios ocasionados por el conflicto armado. El más importante provino de las costas del Pacífico, una de las regiones menos atendidas por el Estado y habitada mayormente por población afrodescendiente. Otro flujo migratorio de importancia provino de la región andina, en su mayoría de origen indígena. Ambos mundos se encontraron en las zonas más pobres de Cali.

En esas calles humildes y calientes nació hace más de treinta años la Casa del Chontaduro, un espacio de convivencia, baile y alegría. Con un intenso trabajo focalizado en las mujeres, chicos y chicas del barrio, promoviendo la educación e integración mediante prácticas artísticas, el Chontaduro logró convertirse en un espacio de referencia en la ciudad.

Iris y Vicenta son dos de las tantas artífices de este proyecto capitaneado por mujeres con la piel anochecida y la sangre llena de música. Con ellas hablamos para empezar a conocer este mundo que vive enfrentando las diversas lógicas del racismo y la segregación.

chontaduro

¿Cómo empezó la historia de la casa?

Iris: La casa nace y se desarrolla con el crecimiento del Distrito, en el año 82. Muchas de las personas que migraban eran mujeres, mujeres que tenían que ir a trabajar y no les quedaba otra opción que dejar a los hijos solos. Entonces se fue buscando una manera de resolver eso. Se empezó a pensar en un espacio donde las mamás pudieran dejar a sus hijos, pero no un lugar como una institución sino que tuviera más que ver con el trato familiar. La mayoría de esas mujeres del pacífico colombiano tenían su trabajo que era la venta ambulante de chontaduros. Entonces en honor a eso se le puso el nombre a la casa.

¿Qué acciones podés mencionar que hayan realizado o cosas que hayan ocurrido a lo largo de estos treinta años?

Iris: Digamos que el Chontaduro ha ido cambiando de acuerdo a lo que la sociedad va requiriendo. Lo primero que empezamos a tener fue una biblioteca. Pero no una biblioteca con la idea de que sea un lugar silencioso donde nadie puede hablar, sino que sea un lugar donde vos podés venir, interactuar, intercambiar cosas y todo lo demás. Y después hubo algo muy importante que fue una escuela, que empezó con primero y segundo de primaria. Después se hizo un convenio con otra institución para validar los aprendizajes de los muchachos. Luego empezó un grupo de danza porque como la mayoría somos gente del Pacífico, la música y la danza es el lugar donde nos encontramos. O sea, nos encontramos en la forma de redactar nuestra historias, de recuperar las cosas que nos pasaron pero también en la alegría del baile y la música que es también una forma distinta de contar la vida y de resistir. Y con el tiempo también se sumó el grupo de teatro, el de artes plásticas y así sucesivamente fueron creciendo otras cosas. Y luego fueron surgiendo nuevas necesidades, algunos vieron que la parte ecológica era muy importante y se empezó a trabajar cosas como el reciclaje y las plantas. También está el grupo de música andina, porque el Chotntaduro tiene la parte pacífica pero también está la parte andina. En el espacio no hay solamente población negra, también está esa otra parte. Y el desafío es cómo incluir a todo el mundo en un espacio que sea grato.

Dijiste que la Casa se fue adaptando a las necesidades del barrio, ¿cómo fue cambiando la zona con los años?

Iris: Digamos que el barrio tuvo muchos cambios. Una cosa que pasó con el crecimiento de la población es que vinieron dos sectores, uno era el sector armado legalmente, el que tiene el derecho de matarte y no hay reclamo. El otro era el sector de la parte más de izquierda, de la revolución y todo lo demás. Y en Chontaduro algo que siempre se escucha es que nosotros no nos metemos con ninguno de estos sectores porque creemos que lo más importante es construir en base a la vida. Entonces el Chontaduro empezó a formar red con otras personas. Y empezó a creerse desde la parte estatal y otras partes que el Chontaduro estaba vinculado a movimientos insurgentes y todo lo demás. Gente del Chontaduro y de las redes de colaboración empezaron a ser amenazados y mucha gente tuvo que abandonar el espacio por temor a perder sus vidas, porque además también empezó a desaparecer gente. Y yo creo que una de las cosas que han cambiado es que el Chontaduro se empezó a cerrar en sí, pero luego empezó a posicionarse de otra forma ante la ciudad, empezamos a mostrar que hacemos las cosas de otra forma. Ahora yo siento que el Chontaduro se ha vuelto un referente para mucha gente, desde una construcción en paz y una forma distinta de ver la vida. Creo que se ha demostrado, desde lo cultural y de una manera pensante, que hay otras formas de hacer las cosas.

chontaduro 2

¿Cómo influyó, si es que influyó, en los diversos procesos que atravesaron el hecho de que el proyecto esté protagonizado principalmente por mujeres?

Iris: Bueno, esta es una sociedad machista, pero igual yo creo que nos tocó más pensar que estamos para construir de la mano con la otra persona. Somos un grupo principalmente de mujeres que lo que hacemos es pensarnos distinta la vida. Pero sin desconocer que nosotros somos parte de esta sociedad y estamos, como yo digo, enredados con personas, hombres y mujeres que también están buscando opciones en esta sociedad.

Vicenta: Yo creo que vivimos en una sociedad donde las cosas se implantan por la fuerza, solamente desde la mirada masculina. Esa es una sociedad que no es nueva, sino que hace mucho tiempo se ha venido construyendo desde una sola postura que ignora a las demás. Es una postura que no solamente va en contra de las mujeres y las consideran el sexo débil, sino que también menosprecia a otras culturas. Me refiero a esta cultura implantada dentro de nuestra sociedad, que es una sociedad mirada desde lo occidental como lo único, lo verdadero y lo bonito. En ese sentido, además de ser una sociedad machista, patriarcal, es una sociedad también racista, que no permite que se vea lo distinto, o que ve a los demás como los menos. Entonces aquí en el Chontaduro siendo la mayoría mujeres negras, nos toca enfrentarnos con esos parámetros. Pero frente a eso decimos aquí estamos, también aportamos y construimos de manera distinta. Esa postura ha sido muy importante para hacernos más fuertes, porque si no hace rato que nos hubiese tragado este sistema capitalista, neoliberal y patriarcal. Entonces ahí nos toca duro pero estamos en esta jugada. De todas formas hay aclarar que actualmente en el Chontaduro somos más mujeres que hombres, pero no solo somos mujeres las que participamos en esta construcción, también hay algunos hombres que desafían los modelos culturales implantados para ellos.

¿Dentro de la sociedad de Cali y de Colombia en general, cómo les parece que funciona la discriminación con respecto a los dos sectores, tanto el de origen negro como el de origen indígena? ¿Las estigmatizaciones sobre el negro son las mismas que sobre el indio o hay diferencias?

Vicenta: Hay discriminación hacia las dos culturas pero se dicen cosas distintas de cada una. De la cultura indígena, aún con todo lo discriminativo que se dice de ella, se dice también que es una cultura que por lo menos piensa, que tiene una organización. De la cultura negra se dice lo contrario; que no piensa y es desorganizada. Ese es un estereotipo que se da y que se ha venido dando desde hace mucho tiempo. Ya desde la época colonial a nosotros como negros nos negaron la posibilidad de pensar, para los blancos españoles de esa época, nosotros no pensábamos. Y aún hoy estamos dando la lucha para que nos reconozcan como gente, como humanos. Aunque en esta época, científicamente está comprobado que hay una sola raza humana, todavía se considera que somos animales o que somos cosas. Ese es el puesto que nos están dando en esta sociedad. Entonces las dos son discriminaciones, tanto a los negros como a los indios, pero se constituyen de formas distintas. Si ves en la historia, no es lo mismo luchar desde una condición de esclavo, de cosa, donde uno tiene que estar siempre refugiándose, buscando con los otros, entre juntos y distantes. No es lo mismo que luchar desde una cultura que reclama que estas tierras son suyas y que están juntos y pueden construir juntos. Son historias diferentes, pero bueno, nos toca luchar contra eso. A muchas de nuestras comunidades las desvalorizan, les sacan todo, las matan, las tratan como deshecho, y luego dicen que como son deshechos, entonces merecen morir. Nosotros tenemos que pensar también cómo nuestros cuerpos tienen contenidos, nuestros cuerpos no son vaciados como nos hacen creer. Cali es una de las ciudades de Latinoamérica donde hay más afrodescendientes. Y el setenta por ciento vive acá, en el Distrito de Aguablanca. Entonces el Distrito mismo es una segregación. Es para decir: “allá están los criminales”. Porque esta sociedad nos ha visto como esclavos en la colonia y como criminales desde que se formó la república. Creo que es una situación que no la vivimos solamente en Colombia sino en toda Latinoamérica. Entonces son diferentes formas de mirar la discriminación. Y por eso también surgen muchos elementos que nos hacen pelear con nuestros hermanos de cultura indígena y de las que nosotros nos estamos haciendo conscientes para no pelearnos.

Iris: Además, si lo ves en la historia, a diferencia de las comunidades indígenas que estaban en su territorio, nosotros venimos de afuera, pero también venimos de sectores distintos, muchas veces con idiomas distintos. Entonces no es lo mismo si yo hablo este idioma y tú hablas el mismo idioma y nos podemos comunicar, a que si hablas otro idioma y no nos podemos comunicar.

¿Cómo es entonces la relación entre los dos sectores, el afrodescendiente y el indígena?

Vicenta: Hay de todo, no es una cosa binaria. Están los grupos que se dejan provocar y que van al choque y se golpean y se dan. Y hay otros que estamos buscando la forma de acercarnos. Porque somos distintos pero tenemos muchas cosas en común, muchas cosas constitutivas inclusive en términos estéticos. Entonces es ver cómo nos encontramos en esa mezcla de lo distinto y lo común. No es fácil, pero estamos en ese camino reconociéndonos como humanos después de la desvalorización que siempre se nos da.

Volviendo al tema del conflicto armado en el barrio ¿llevaron adelante acciones o actividades artísticas directamente vinculadas con las violencias?

Iris: Mira, una cosa que pasó aquí es la construcción de Potrero Grande, eso fue una estrategia de la gobernación de Uribe. Potrero Grande, en la comuna 21, fue un barrio que construyeron y al que mandaron a toda gente que no se podía ver entre ella. Y esa es una forma muy inteligente de decir: “bueno, estas personas que son pobres, negros o lo que sea, son animales porque se matan entre ellos.” Eso también es una forma de erradicar la pobreza sin que ellos tengan que mover muchos recursos. Ahí mandaron gente de un lado y de otro, toda gente que tenía rivalidades por temas de territorio y esas cosas. Entonces estos muchachos, porque la mayoría de los que se matan no son personas grandes, sino que son los muchachos jóvenes que no se pueden ver, de pronto están a una cuadra de distancia. Y por eso hubo muchos muertos. Si bien últimamente casi no se escucha que hay muertos en la comuna 21…

Vicenta: Pero sigue habiendo.

Iris: Sí, pero no se escucha, porque antes era todo el tiempo, chicos jóvenes muertos, cinco un día, seis otro día. Y una cosa que el Chontaduro hizo y que me pareció muy chévere y que vamos a seguir haciendo, fue un carnaval de la luz. Y adentro del carnaval hicimos un ritual que se llamó “A quién le duelen nuestros muertos”. Porque cada uno de esos muchachos que cae hace parte de nosotros. Porque de pronto no es mi hijo, pero es el hijo de una vecina o una amiga. Entonces si la muerte del hijo de una persona le duele a alguien, también me debe doler a mí.

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Antes de la última pregunta es conveniente realizar una explicación sobre el contexto. Desde hace dos años se están manteniendo negociaciones de paz entre representantes del Estado y la guerrilla de las FARC-EP. En el marco de esas negociaciones se había realizado un cese unilateral del fuego por parte de la guerrilla y posteriormente un cese de los bombardeos a los campamentos de la guerrilla por parte del ejército. Al día siguiente de esta entrevista las FARC-EP realizaron un ataque en la región del Cauca, dejando un saldo de once militares muertos y una veintena de heridos. El mismo día el presidente Santos ordenó reanudar los bombardeos contra la guerrilla. Ambos bandos realizaron acusaciones mutuas por el ataque. Las negociaciones, aunque golpeadas por estos acontecimientos, siguen adelante.

Última pregunta, ¿cómo ven el escenario que se abre a partir de las negociaciones de paz que se están llevando adelante en Cuba?

Iris: Bueno, este es uno de los debates más constantes que tenemos dentro de la Casa y dentro de las distintas redes a las que pertenecemos. Discutimos mucho esto de que es una negociación de dos partes, de dos bandos, sin incluir al resto de la sociedad. No vemos bien eso de que firmando solamente esos dos sectores, que son los que tienen las armas, se va a llegar a un estado de paz o de tranquilidad, sin contar con los que estamos en realidad en medio de este conflicto, porque somos los que estamos en medio del fuego cruzado. Nosotros pensamos: “sí bueno, las FARC y el Estado se encuentran y firman un contrato. ¿Y? ¿A nosotros como sociedad en qué nos beneficia eso? ¿Cómo estamos contemplados o cómo nos vamos a perjudicar?” Porque está lo que pasó cuando se firmó el acuerdo del gobierno de Uribe con los paramilitares. Todos los desmovilizados se integraron a los sectores de la ciudad e incrementaron nuevas formas de delincuencia. Por ejemplo las vacunas en las pequeñas tiendas que era algo que antes no pasaba. Ahora les piden plata a los comerciantes y si no los matan. Entonces ¿será que después de firmar el acuerdo de paz habrá paz? ¿y para quién? Esa es una pregunta que constantemente entra en nuestro itinerario. Creemos que no se ha contado con la mayoría del pueblo colombiano en esa negociación.

Vicenta: Nosotros consideramos que lo único que puede ser un poquito de ayuda es que nos dé fuerza y espacio para organizarnos mejor. Pero todavía no hay voluntad de la élite del país para mover sus privilegios que son los que realmente causan el terror. Y se ve que ellos no tienen esa voluntad porque por un lado están haciendo los acuerdos de paz pero por el otro incrementan la minería ilegal, se incrementan los destierros. Si ellos no están dispuestos a ceder y siguen tomándose el poder político y las fuerzas públicas para manejarlas a su antojo, entonces no se va a reestructurar este estado de injusticia.

chontaduro iris y vicenta

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¿Qué es el chontaduro?

El chontaduro es una de las tantas frutas que se pueden encontrar en los puestos de venta ambulante que pueblan las esquinas de las ciudades colombianas. Es típica de la región del Pacífico y posee un alto valor nutricional. Es pequeña, de color rojo o anaranjado, de textura carnosa y seca.

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Para saber más sobre este espacio:

https://casaculturalelchontaduro.wordpress.com/lacasa/

Facebook: https://www.facebook.com/elchontaduro.elchontaduro?fref=ts

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