¿Platohedro? ¿Qué es eso?

Entrevista con la plataforma creativa y colaborativa de Medellín que trabaja con tecnología, cuerpos, plantas, pibes de barrio y otras hierbas

Por Darío Semino

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Estamos en Buenos Aires, el barrio Buenos Aires de Medellín, en una gran casa de dos pisos que funciona como la sede de algo llamado Platohedro. Todavía faltan dos semanas para arreglar una entrevista con la gente del lugar. Ahora lo estamos conociendo, tratando de entender qué es lo que aquí ocurre. Charlamos con Alex, un tipo flaco y tranquilo, con una barba que va haciéndose larga, quien nos va dando algunas pistas. Habla de proyectos que van y vienen, de ideas sobre comunicación comunitaria, de actividades en las que confluyen diversas disciplinas y que hacen difícil definir en pocas palabras de qué se trata Platohedro. En un momento suena el timbre y va a atender, entra un chico adolescente vestido con ropa deportiva. Como masticando las palabras, Alex lo saluda y continúa con la charla. El chico se queda sentado en un sillón sonriendo en silencio. Después de un rato Alex lo mira y le pregunta:

– ¿Y usted cuántos años tiene?

– Catorce.

-¡Ah, catorce! Usted ya está grande para seguir con las maricadas de siempre. Vaya arriba y fíjese que están trabajando en un proyecto de tecnología a ver si puede ayudar.-

El chico se levanta contento y corre por la escalera. Alex, por lo bajo, con palabras aún más masticadas, explica: -En el barrio hay algunas zonas complicadas, de venta y de consumo de droga. Y tratamos de que los pelaos que andan por acá se sumen a los proyectos para que tengan algo que hacer.-

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Dos semanas después, tras haber participado y presenciado algunas actividades que abarcaban campos como transmutación de plantas, performance y ciber-experimentación, y tras haber convivido con los integrantes de esta plataforma creativa y colaborativa, según ellos se definen en su web, realizamos la entrevista. Nos sentamos en la cocina a charlar con Alex y Yuli, un miembro fundador y una de las integrantes más jóvenes del proyecto. La charla arrancó por el tema de los pibes, o los pelaos como se les dice por acá:

Alex: Los chicos venían para desahogarse de los problemas de sus casas. Y mucho de lo que hacen acá en la matiné, las actividades artísticas y los juegos funcionan como un pretexto para contrarrestar las violencias. Es chévere adoptar la actitud de reconocerlos a ellos en lugar de ponerse en la postura del psicólogo o el profesional que viene ya con un conocimiento puesto. No ha sido fácil porque también se dieron las experiencias de chicos a los que uno ha recibido con mucho cariño y de un momento a otro, cuando son un poco más grandes, toman decisiones que los alejan. Pero bueno, cada quien toma sus decisiones en su propia vida y no se puede intervenir en eso. Al fin y al cabo sabemos que no podemos ser responsables de la vida de los demás. Ellos en sus contextos enfrentan un montón de vainas que a nosotros nos exceden. Lo que hacemos es mostrarles otras posibilidades de vida. Es como un semillerito. Y ya esos chicos que entraron en el 2007 a ver películas están gigantes, son unos mamones más grandes que uno. Y van haciendo sus vidas y teniendo sus aprendizajes. A veces el proceso continúa y se comprometen con otras etapas y eso es bacano. Porque no se trata de trabajar seis meses con un grupito y después chau. Sino que es un proceso de años. Y uno ve los indicadores reales de la actividad que realiza.

Yuli: En este momento se está dando en varios chicos esa transición porque ya hace unos años que vienen participando de la matiné y están grandes. El fin de semana pasado a varios les dijimos: este es el último taller de ustedes de matiné. Ya pueden venir en la semana y participar en otras actividades, porque las necesidades que ellos tienen ya no son como para estar trabajando con niños de cuatro o cinco años. Por ejemplo, este martes pasado vinieron dos para trabajar. Y uno va a estar de ayudante en la matiné porque tiene que venir a traer a la hermanita. La idea del trabajo es que uno traiga los conocimientos que posee y los replique y que a su vez replique lo que aquí aprende en otros escenarios. Hace varios años cuando llegamos los que ahora formamos el equipo base, lo que hacíamos era replicar en el matiné. Yo empecé así, me gustó y me terminé quedando y trabajando la matiné. Ahí uno aprende que lo que hay que hacer es darles amor a los chicos y mostrarles lo poco que uno sabe. No es que seamos expertos en pedagogía. Frente a las cosas que vamos viendo vamos buscando corrientes pedagógicas y teorías que sirvan, pero siempre partiendo de lo que ocurre con los chicos.

El trabajo con los chicos es parte de lo que ustedes hacen, pero también se ramifican en otras áreas que a su vez se potencian entre sí. ¿Pero por dónde empezó Platohedro, cuál fue el punto de partida del proyecto?

Alex: Platohedro surge en el 2004. Parte de un deseo de generar trabajos en el mundo audiovisual, tanto documentales como videos de distinto tipo. Surge en el contexto de una ciudad que venía cambiando pero que también venía con muchos miedos… antes tener un espacio y conformar un grupo de trabajo era más complicado. Arrancamos con una cámara y un portátil que aportó Lina. Y empezamos a creernos que éramos un grupo de producción audiovisual. Desde el principio buscamos la colaboración de amigos y afines para trabajar juntos y apoyarnos. Al cabo de año, año y medio, nos habíamos presentado en muchas convocatorias que no ganábamos pero que nos daban la experiencia sobre cómo funciona ese mundo. Y en el 2006 hacemos un lanzamiento con dos proyectos, ya veníamos trabajando unas seis o siete personas. Ahí surge la idea de tener un espacio. Al principio lo pensábamos como un lugar para mí y para Lina para vivir y que funcionara también como base de operaciones. Pero encontramos esta casa y nos enamoramos del espacio como lugar para Platohedro solamente. Ahí nos empezamos a pensar más como corporación, no sólo como una productora audiovisual, sino como algo más abierto a las diferentes disciplinas e indisciplinas del arte. También teníamos la inquietud de trabajar en educación y formación. Con el tiempo todo eso se fue concretando en las tres líneas de trabajo que tenemos ahora, que son la Matiné, la Jaquer Escool y El Foco Crítico. Lo de comunicación se convierte más en comunicación libre y compartida, más con la idea de la comunicación como diálogo que como difusión. Desarrollamos también las residencias, empezamos a recibir amigos y gente con trabajos afines. Y con todo eso organizamos también la parte de dirección y administración.

¿Y qué significa el nombre?

Alex: El nombre Platohedro surge de un animé que se llama Reign: The Conqueror, que cuenta toda la historia de Alejandro Magno.

Ah sí, me acuerdo, yo lo veía con mi hermano, que buscaban todo el tiempo el Platohedro, con dibujos de personajes muy flaquitos. Estaba buenísimo.

Alex: Claro, del mismo creador de Aeon Flux, era una chimba. Yo quedé rayado con ese animé que lo pasaban creo que en el Locomotion, hace más de diez años, y de ahí salió el nombre.

Qué buena onda… Bueno, sigamos con la entrevista. Recién dijiste que hay tres áreas en las que se organizan las actividades, ¿cómo son esas áreas?

Yuli: El programa de formación está compuesto por tres subprogramas que son: Matiné, del que ya hablamos, Foco Crítico (y de éste surge) la Jaquer Escool. Foco crítico es un espacio para jóvenes, lo que hace es apoyar las iniciativas o proyectos que quiera desarrollar un joven. Si necesita asesoría en cómo tiene que escribir su proyecto o si necesita crear un evento, lo que sea. Anteriormente en el Foco Crítico teníamos un espacio que se llamaba el cine-club. Ahí veíamos películas cada martes, y discutíamos sobre lo que veíamos, sobre las temáticas, la técnica, el trasfondo, el guión, etc. Pero con el tiempo eso fue mutando porque habíamos aprendido bastante sobre la manera de mirar, y ya como que uno lo hacía en la casa. Entonces surgió la necesidad de hacer algo distinto. Así nace, hace más o menos un año, la Jaquer Escool, que es una exploración en otros campos: máquinas, plantas, cuerpos. Tratando de ver cómo integramos todas esas búsquedas que tenemos los jóvenes frente a la relación con la naturaleza, con la tecnología, que es como una extensión del cuerpo. Nos preguntamos por nuestra relación con la política y lo social. Y cómo se tejen las relaciones entre todos esos temas en el contexto que habitamos, cómo se manifiestan los problemas con ellos relacionados y de los que resulta necesario hablar. La Jaquer nos permite jaquear esos miedos, transformarlos, ver más de cerca la tecnología, cómo funciona, cómo la podemos adaptar. Aprender que es muy sencilla utilizarla, pero también producirla o transformarla en lo que queremos. Y a partir de eso se empiezan a tener relaciones con mucha gente, que viene de varios lugares a brindarnos su conocimiento, manejando siempre la perspectiva de que no es el otro el que está en una posición de saber sino que está en una relación dialéctica y de intercambio con nosotros.

Alex: Desde antes nosotros teníamos la inquietud de trabajar con tecnología y cosas como la web 2, software libre y demás. Y en el 2014 ya teníamos las ganas de tener un proceso de tecnopolítica. Y eso se vinculó con las búsquedas de los chicos y viró hacia una exploración no tanto con el software sino más bien vinculada con el cuerpo. Y lo interesante también es que el espacio permitió un cruce inter-generacional. Eso es chévere, que se mezclen los saberes de cada generación.

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Una cosa que llama la atención de ustedes es la dinámica de trabajo que tienen. Pasan diez o doce horas trabajando acá y a la vez mantienen una relación muy buena, hacen cosas juntos como si fuera un grupo de amigos. ¿Cómo manejan eso?

Alex: Al principio Lina y yo trabajábamos mucho con gente que colaboraba. Y también contratábamos gente para servicios específicos, lo que es diferente de armar un colectivo y que todos tengan que responder por todo. En nuestro caso Lina y yo somos los que respondemos y eso da más libertades. Pero llegamos a un momento que pasó algo que nos hizo tener un giro. Y fue que el equipo de trabajo se pudo ir formando con los jóvenes que participaban de los procesos de formación. Eso genera una relación y una apropiación por parte de ellos diferente al de tener un empleo normal. Y por otro lado nuestra actitud nunca fue la de tener empleados sino manejar una relación distinta, donde los que participan puedan traer sus inquietudes y que a partir de ahí se generen cosas. En el funcionamiento interno con Lina cumplimos roles distintos, ella por hay puede saber si los chicos se pelearon con la madre, con el novio, está en esas cosas más micro. Y yo estoy en cosas más macro. Eso ha permitido construir una relación de afinidades que va más allá de la relación de empleado-empleador. Además la filosofía de Plato es que todo lo que hacemos contribuya a un buen vivir, a ser más libres, estar más tranquilos en la vida, por lo cual es importante tener en cuenta que hacemos lo que nos gusta, lo que nos resulta divertido. Pero todo ha sido de manera muy natural y orgánica.

Yuli: Las relaciones que creamos acá nos permiten tener amistad y también un trabajo que nos encanta hacer. Somos muy afortunados porque estamos aquí y tenemos un vínculo con la organización porque no fue que llegamos a trabajar. Sino que llegamos porque buscábamos un espacio donde como jóvenes pudiéramos realmente hacer algo con nuestras vidas. Ya que el contexto no brinda muchas oportunidades, de hecho las oportunidades son nulas, es hacer lo de siempre en el barrio o trabajar todo el día como un obrero, y ya. O tener la oportunidad de ir a la universidad y no tener plata para nada. Entonces llegamos acá buscando un espacio dónde pudiéramos hacer algo. Y encontramos un lugar que nos daba mucha confianza, que creía en nuestras potencialidades, que escuchaban nuestra voz y se interesaban por nuestras propuestas. Pasamos un tiempo tratando de entender la organización porque los modelos que se manejaban eran muy distintos a lo que uno conocía. En mi caso fue después de un año que empecé a ser parte de la organización. La primera vez que yo vine era muy chiquita, tenía unos 14 o 15 años. Y pensé que era un lugar de teatro porque había una exposición de fotografías de payasos. Y no entendí y me fui. Después de un tiempo una amiga me dijo que estaban dando unos talleres de audiovisual y ahí volví. Ya tenía 19 y estaba en crisis de no saber qué hacer, estaba empezando la universidad pero no había encontrado nada que me gustara profundamente. Empecé a participar acá y un día necesitaban un asistente en administración y yo no sabía nada de eso, pero empecé igual y fui aprendiendo. Y ya luego de un año comencé a participar en formación. Y pues realmente todo lo que hago aquí lo aprendí a hacer aquí, no es que haya venido con conocimiento de otro lugar. Eso también me permite cuestionarme lo que aprendo en la academia. Estudio psicología pero acá tengo la oportunidad de trabajar y estar aprendiendo todo el tiempo cosas que en la universidad jamás me van a llegar, y de conocer gente que jamás conocería en la universidad. Además viajo y hago cosas que en otro lugar no hubiera podido construir de la misma manera. Trabajamos bien, de manera tranquila, uno confía en que el otro está haciendo las cosas con pasión y compromiso, porque sabemos que si llegamos acá tenemos un interés en común muy fuerte.

¿Y cómo se financia el proyecto?

Alex: Desde el principio una de las cosas clave fue manejar el “te cambio lo tuyo por mío” como una forma también de articulación con las proyectos que apoyamos. Además hemos pegado tres experiencias de cooperación internacional que nos han acompañado desde el 2009 para acá. En el 2011 tuvimos la oportunidad de trabajar con la alcaldía, nosotros lo vemos como que trabajamos no “para” la alcaldía sino “con “ la alcaldía. Ahí empezamos a hacer convenios de asociación para realizar proyectos concretos. En realidad si uno ve todo el proceso, ve que Plathoedro no es una productora audiovisual pero lo es, no es un medio comunitario pero lo es, no es un espacio cultural de formación pero lo es. O sea que hemos jugado también conforme a una lógica de mercado y a una lógica institucional que hay en el contexto, pero de a pequeñas cosas hemos podido construir nuestro propios procesos. Si nos relacionamos con la alcaldía para determinado proyecto, nos comprometemos y hacemos lo que hay que hacer, de hecho hacemos mucho más de lo que hay que hacer, pero eso es porque lo articulamos con los procesos propios que tenemos en la casa. Eso nos permite no desgastarnos. No manejamos la lógica de decir: trabajamos en esto de mercado, de tienda, para después poder dedicarnos a la verdadera actividad que queremos hacer. Porque muchas veces lo que pasa es que por tener las cosas así separadas la parte del trabajo con el que hay que cumplir te chupa la energía y después no puedes hacer eso que quieres. Y tampoco seguimos el modelo de trabajar en otra cosa, en otros empleos, para conseguir dinero y sostener el espacio. Sino que vemos en los procesos que se van dando cómo podemos hacer lo que nos gusta y que además nos sirva para financiarnos. Pero no con la idea de estar usando máscaras sino con la idea de que así somos y así queremos trabajar. Así ha sido el tema del financiamiento. Durante los primeros cinco años fue sumamente difícil. Fue muy importante en esa etapa el apoyo familiar, de los papás de Lina, que siempre creyeron en nosotros y nos apoyaron sin cuestionamientos. Cuando empezamos a tener la financiación internacional nos pensábamos que íbamos a poder hacer de todo y después nos fuimos dando cuenta de que con ese recurso lo que podíamos hacer era entrar a la mesa de negociación, más como actores que como beneficiarios. El poder movernos con diferentes sectores, tanto público como privado y también social, es lo que nos da la posibilidad de llegar a un diálogo con las distintas partes. Igual no deja de ser una tarea dura generar recursos.

Varias veces mencionaron la cooperación con otros proyectos afines. ¿Cómo son esas colaboraciones?

Alex: Tuvimos intercambios muy interesantes con experiencias como Plataforma Puente Cultura Viva. O también LabSurLab que es un espacio en el que hemos participado y donde circulan los temas de cultura libre y cultura comunitaria. Participar en esos espacios nos ha permitido articular con muchos otros parches. Y esa ha sido siempre la dinámica de Plato, estar en vinculación con otros espacios. Ahora también con Arts Collaboratory y el Proyecto Ondas, que es una articulación de Casa Tres Patios y Plato, pero en en el que hay veintiuna organizaciones a nivel mundial.

Pregunta general para los dos, ¿cómo ven el contexto Colombia-Medellín para el tipo de cosas que ustedes hacen, teniendo en cuenta esta nueva etapa que parece estar abriéndose a partir de las negociaciones de paz?

Alex: Yo creo que siempre va a ser complicado. Con el escenario del post-acuerdo también hay todo un mundo de ver qué va a pasar con las iniciativas comunitarias. Sin embargo no creo que se vaya a acabar el conflicto. La realidad de hombres armados es algo que va a seguir. Los conflictos por la tierra y por las riquezas que tiene Colombia van a seguir presentes. Pero el trabajo que nosotros hacemos está orientado más a lo micro, que de a poco permite ir descubriendo las formas en que se puede solucionar lo macro. El panorama es muy variado y depende de quién esté en el poder y cómo se manejan los recursos estatales. Pero lo bueno de Plato es que no surgió desde el dinero sino desde el deseo y eso hace que uno pueda adaptarse a nuevas realidades. No es que sea positivo pero tampoco soy apocalíptico. Creo que nosotros hemos sido afortunados por tener una experiencia acumulada que nos permite estar preparados para buscar alternativas en momentos de crisis. El momento de cambio en Colombia o en Medellín ya no nos agarra tan desprevenidos, no estamos como al principio.

Yuli: Yo comparto gran parte de lo que piensa Alex, porque obviamente si Colombia está en una fase de firmar un acuerdo de paz, en el que va a haber dinámicas distintas de la violencia y los poderes, entonces la cooperación internacional ya no nos va a ver como un país en guerra. Van a considerar que hay mejores condiciones de vida y no van a brindar tantos recursos económicos. A pesar de eso van a seguir estando en la sociedad muchas de las nuevas problemáticas que ya se están presentando y otras que van a ir mutando. Platohedro tiene una dinámica que se adapta a las necesidades del contexto. De acuerdo a las nuevas necesidades que se van generando nosotros nos vamos moviendo para seguir gestionando y seguir estando ahí. Va a ser más difícil porque van a cambiar muchas de las formas en que se hacen las cosas. Por ejemplo el problema de muchas de las personas que viven de la guerra, cómo se van a integrar a la sociedad. En qué pueden ayudar las organizaciones sociales, son cosas que todavía no se saben. Pero nosotros continuamos con las ganas de estar y seguir moviéndonos.

Apagado el grabador la charla se va disipando. Es el final de la jornada y de la semana. Se abren algunas cervezas. Voy a buscar el celular y le escribo a mi hermano: Che, ¿te acordás del dibujito de Alejandro Magno? ¿que estaban todo el tiempo buscando una cosa rara que se llamaba Platohedro? Bueno, lo encontré.

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Más data aquí:

http://platohedro.org/

https://www.facebook.com/platohedro?fref=ts

https://vimeo.com/124229909

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