Una trinchera en Bogotá

La Redada Miscelánea Cultural

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Por Darío Semino

Ubicada en el casco histórico de Bogotá, en el barrio La Candelaria, la Redada es un espacio en el que conviven y convergen distintos proyectos. Su historia, que comenzó cinco años atrás, puede ser leída como un buen ejemplo de la necesidad y la potencia del trabajo en red. Existían en la ciudad cuatro espacios distintos (El Eje Centro Cultural, Casa Entrecomillas, Quince Dieciséis y la Kcittá Audiovisual) los cuales venían haciendo algunas movidas conjuntas y tejiendo lazos de amistad y complicidad. Pero, como suele ocurrir en estos proyectos, la sustentabilidad económica se fue convirtiendo en un problema difícil de sobrellevar y los cuatro tuvieron que enfrentar el dilema de cerrar sus puertas. Fue entonces que, viendo la oportunidad en la crisis, decidieron unirse. Y la vieja casa que era ocupada por El Eje se convirtió en la sede común de los cuatro proyectos.

Físicamente La Redada es una vieja casona con varias habitaciones destinadas para diversos usos y un gran espacio central con el infaltable sector de parqueadero de bicicletas, un pequeño bar y un patio trasero. El street art, que en Colombia tiene gran desarrollo, manda en las paredes y marca en el frente de la casa la diferencia con el resto de los edificios. La denominación de Miscelánea Cultural obedece a la lógica abierta con la que funciona el lugar y con la multiplicidad de actividades que puede albergar.  A lo largo de los años el proyecto atravesó diversas etapas y mutaciones buscando siempre las maneras de articular las acciones que allí ocurren. En La Redada puede haber un taller para fabricar bicicletas, un hacklab, un ciclo de cine o uno de poesía, se puede hacer un encuentro de fanzines o una FLIA. Pero las acciones no se limitan a lo que ocurre puertas adentro, los miembros de la Redada también salen afuera para trabajar, por ejemplo, en la construcción de un parque en colaboración con miembros de otros colectivos y vecinos de una de las zonas más pobres de la ciudad. También en el propio barrio trabajan la siempre delicada relación con los vecinos, interactuando con ellos, sacando a la calle las actividades e invitándolos a participar para desmantelar los prejuicios y la desconfianza. Y no es extraño que en los talleres deambulen pibes de barrio. Se puede decir que la relación entre el adentro y el afuera se mantiene en permanente dinamismo. Según Santiago, uno de los miembros más antiguos: “hay un eje de articulación con las cosas que ocurren en el espacio público, con las intervenciones o actividades que nosotros hacemos y las que ocurren aquí adentro. Y si por temas de violencia, por ejemplo, las cosas que hacíamos en la calle no las podemos hacer, entonces las hacemos adentro y buscamos la manera de hacer que la gente venga.”

Además de participar desde los inicios del proyecto y de conocer todas sus etapas, con sus idas y sus vueltas, Santiago demuestra tener muy claras las ideas que sustentan el trabajo de colaboración en este tipo de territorios. En la charla se hace evidente que las ideas que maneja, sin dejar de tener su raigambre teórica, están en permanente contacto con la experiencia cotidiana y sus vericuetos. “Hubo una etapa de caos anarco-hippie” confiesa y en su relato es posible identificar fenómenos que parecen calcados de experiencias ocurridas a miles de kilómetros de Bogotá, sin ningún contacto con La Redada pero comunes a todos los intentos de construcción cultural comunitaria. El problema de la permeabilidad de los espacios y las pertenencias difusas, las distancias entre los dicho en asambleas y lo hecho durante el resto del tiempo, la presencia de moradores que parasitan más de lo que colaboran. Lo interesante es que no hay ningún tono de cansancio en la enumeración de estos problemas. Santiago habla de los pozudos, como él los llama, sin hastío ni rencor, sino como una problemática que hay que afrontar. “Al final somos personas y donde haya personas van a pasar estas cosas” filosofa con estoicismo.

¿Y qué estrategias o qué trucos tienen para lidiar con ese tema?

“A mí me gusta pensar la figura de una lancha en el agua, que cuando uno pone el motor en marcha y empieza a avanzar se van generando movimiento y olas. Cuando se arma un grupo de trabajo los que están adentro generan un hermetismo que va arrastrando las cosas en su dinámica, y lo que no se acomoda a eso pues va quedando atrás. El que viene y se toma unas cervezas y no colabora, se siente dejado de lado y tal vez deja de venir. O tal vez se suma, se sube al bote y colabora. Por otra parte es importante que los que están trabajando sientan las cosas del espacio como propias. Poder decir yo puse trabajo, dinero, tiempo para esto, para ese sonido, para esas luces. Aquí uno se gana su derecho de piso, hay una legitimidad que se construye con el trabajo y el tiempo de estar, de participar, de preocuparse. Eso hace que el afecto hacia el lugar sea otro.”

Después de una etapa de gran actividad, en la que pasaron muchas personas y proyectos y en la que se gestaron movidas que luego se independizaron del espacio, los integrantes más antiguos decidieron cambiar los métodos de trabajo y desarrollaron un repliegue con actividades sin tanto nivel de exposición. Y los modos de organización interna también se transformaron: ”Nos alejamos de la horizontalidad,” –explica Santiago- “sin por ello pasar a una lógica vertical. Lo empezamos a pensar como una estructura radial, o sea con anillos. En el que los cuatro que quedamos desde adentro del espacio y que teníamos mayor tiempo aquí conformábamos un anillo, las propuestas que vienen de afuera conforman otro y la gente que pertenecía al espacio y que con el tiempo se alejó por cansancio o por otros motivos pero que todavía quedan rondando y de alguna manera aportan, también conforman uno”.

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La relación con el Estado suele ser un punto de conflictividad en los proyectos alternativos. ¿Ustedes qué postura tienen con respecto a eso?

“Consideramos que es un error ver al Estado o al gobierno como un enemigo, porque los recursos son públicos y también nos pertenecen, nos pertenecen a todos. Entonces si nosotros podemos utilizarlos para proyectos que son buenos para la sociedad, pues por qué no. Por ejemplo, si alguien toca en la Redada puede hacerlo con el equipo de música que tenemos nosotros. Pero si hacemos algo en el espacio público necesitamos un sonido de mejor calidad. Y el Estado lo tiene y lo puede dar y nosotros lo usamos. La cosa es que a cambio de eso no haya condicionamiento a lo que queremos hacer, o a lo que queremos mostrar. En el caso de que lo haya ahí ya tenemos que decidir nosotros si lo hacemos o no. Pero hasta el momento no nos ha ocurrido.”

-¿Y cómo se manejan con respecto a la legalidad?

“La Redada no tiene una existencia legal y nos parece bien que sea de esa manera. Eso nos permite movernos en la grieta de lo legal e ilegal, y tener mayor dinamismo y adaptarnos mejor a las diversas cosas que se presentan. El proyecto es como una plastilina que se va adaptando. En la cuestión formal cuando nos presentamos a proyectos, hay casos en que nos permiten presentarnos como la Redada simplemente, sin ningún tipo de existencia legal. Y hay otros que requieren una mayor formalidad y para eso utilizamos otros proyectos que cumplan con esos requisitos. Pero esa es una cuestión de estrategia. ”

Más allá de las acciones concretas la potencia del espacio radica en ser el punto de encuentro de decenas de canales artísticos y culturales. Las bellas artes y el hip hop pueden darse cita y compartir un tinto (que en Colombia es un café) en las mesas del bar. Y las puertas siempre están abiertas para el que venga de afuera. La Redada vale no solamente por lo que es sino también por lo que irradia. Y eso no es poco decir si uno tiene en cuenta que el entorno colombiano, con sus niveles de violencia y conflictividad, no es tan amable como el argentino para la construcción de proyectos alternativos.

Por otra parte vale la pena destacar que en las acciones que se llevan adelante no parece existir una diferenciación entre lo artístico-cultural y lo político-social, al menos en el sentido en el que muchas veces todavía se separan esos polos. No en todas partes se encuentra gente capaz de participar de un intercambio de fanzines para después agarrar pala y carretilla y ponerse a mover basura para construir un parque. En La Redada hay esa gente.

Para finalizar Santiago explica con claridad cómo juega lo político en sus actividades: “El Estado colombiano, como a lo mejor en toda Latinoamérica, es muy deficiente, y no se trata para hacerle nosotros el trabajo, pero sí pensar desde esas acciones cómo hacemos las cosas, cómo nos organizamos. No pretendemos que todos los que participan pensemos lo mismo sino encontrarnos y participar a partir de cosas que compartimos. Y desarrollar otras maneras de hacer, que partan de la filosofía del hazlo tú mismo, hazlo con otros, hazlo real. Es un trabajo micropolítico, lento y tal vez nosotros no vamos a llegar a ver grandes resultados finales. Y es posible no lo vaya a haber. Pero no importa. Me gusta pensarnos como carbones encendidos que puestos en el lugar correcto pueden encender todo lo que está alrededor.”Foto principal

Contactos:

Facebook:

https://www.facebook.com/pages/La-Redada-Miscel%C3%A1nea-Cultural/115074135277246?fref=ts

Pagina web: http://laredada.jimdo.com/

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