La ‘Gelatina’ de Levrero

Por Cristian De Nápoli

“GeFeatured imagelatina” se publicó en 1968. Era una buena época para ser narrador joven,  y ese mismo año debutaba, entre otros, Manuel Puig. Se agotaban en un día las novedades de García Márquez, Vargas Llosa o Cortázar: el “boom” latinoamericano. Una desde Cuba y otra desde París, dos revistas literarias se discutían en veinte países: Casa de las Américas y Nuevo Mundo. Las dos eran anti-conservadoras, aunque a la segunda la financiaba, en secreto, la CIA. Y las dos tenían uruguayos al frente: los críticos Ángel Rama y Emir Rodríguez Monegal.

Pero “Gelatina” se publicó como separata de una revistita montevideana que no tenía ni por asomo esa dimensión internacional. Menos aún tenía el decoro o el lenguaje “serio” de las otras. Esta revista se llamaba Los huevos del Plata. Vivió cinco años y llegó a publicar una decena de separatas para nuevos escritores. Ahí debutó Levrero.

El mismo año en que se publicó, “Gelatina” cayó en manos de un rosarino que andaba de visita por Montevideo: Elvio Gandolfo. Y que formaba parte del staff de otra revista literaria apenas conocida: la rosarina El lagrimal trifulca. Hubo fascinación y Gandolfo volvió a Rosario enamorado de “Gelatina”. Se armó un puente. El boom latinoamericano seguiría desparramando  sus órganos en una larga y prestigiosa línea entre La Habana y París, mientras que esta otra linita Montevideo-Rosario iba forjando a oscuras su territorio. Si pensamos que después el rosarino Gandolfo se fue a vivir a Montevideo, podemos decir que las principales revistas literarias de la época, desde las más internacionales a las más acotadas a una ciudad, tenían un fuerte componente bo.

Y hablar de “Gelatina” no es tan imposible como hablar de su autor Mario Levrero, pero casi. Es un cuento fantástico donde un elemento letal, la gelatina que avanza sobre una ciudad y mata toda vida humana que toca, transforma las relaciones entre las personas devenidas sobrevivientes. Y  a diferencia de otro relato de la época como El Eternauta, acá nadie sabe contra quién luchar. Es una gelatina sin manos invasoras reconocibles; del otro lado parece no haber sujeto (o al menos no hay, de este lado, ganas de encontrarlo). Y si no hay enemigo no hay héroe, y los sobrevivientes se emputecen. Andan entre escombros de acá para allá. Lo imaginativo y volado de la trama pone a Levrero en línea con Felisberto; lo descorazonante y sórdido de los acontecimientos remite en cambio a Onetti. Con ese doble fondo asoma nuestro autor, y es para destacar también la precisión del fraseo, las oraciones pulidísimas, el descrédito al final “perfectito” de la trama y el talento, enorme en este caso, para economizar y hasta encanutar información narrativa logrando al mismo tiempo una atmósfera sensible y un conjunto de personajes intensos.

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El número 13 de los Huevos (1969)

“Gelatina” después se publicó, en 1970, dentro del primer libro de cuentos de Levrero: La máquina de pensar en Gladys. Y hoy, verano de 2015, vuelve a aparecer en su formato original. Es una edición facsimilar de aquella separata de Los huevos del Plata, respetando tipografía, tamaño, etc. Como el cuento se consigue dentro del libro, esta nueva edición sería un derroche para los que todavía no conocen al autor y están buscando por dónde entrarle. Pero es un acierto enorme para los que tienen a Levrero en un lugar sagrado de sus bibliotecas y en general para todos los que tienen un concepto físico y una pulsión coleccionista de la gran literatura escrita en este idioma.

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