‘Mi vida’, de León Trotsky

(Por Darío Semino)

Si un novelista inventara a León Trotsky, pecaría de inverosímil. Nacido en 1879 este personaje de origen judío dirigió dos revoluciones, 1905 y 1917. Conoció más de veinte cárceles. Fue desterrado a Siberia por el zarismo dos veces. Y se escapó las dos veces. Internacionalista por destino, sus exilios lo llevaron a vivir en Austria, Alemania, Inglaterra, Francia, España, Noruega, Turquía, Estados Unidos y México. Como diplomático negoció la paz con los alemanes durante el fin de la Primera Guerra Mundial. Y después dirigió un ejército, el Rojo, que él mismo tuvo que crear y organizar durante la guerra civil, teniendo a su mando millones de personas movilizadas a lo largo de un frente de miles de kilómetros. Y ganó la guerra civil. Como pensador logró ser uno de los principales teóricos del marxismo del siglo XX. Fue el mejor orador de una generación de grandes oradores. Y un exquisito crítico literario. Su Historia de la Revolución Rusa alcanza para meterlo en el dream team de los historiadores modernos. Y como profeta fue bastante bueno. Aunque con dificultades, logró aprender francés, alemán, inglés y castellano. Alguien dice que lo escuchó hablar correcto noruego. Le tocó vivir la pérdida de sus cuatro hijos y la traición de la mayor parte de sus amigos. En México tuvo un vínculo bastante fluido con la pintura. Fue amigo de Diego Rivera, amante de Frida Kahlo y estuvo a punto de ser asesinado por David Alfaro Siqueiros. Con André Bretón escribió un manifiesto artístico. Y finalmente cayó víctima de un sicario que se infiltró en su círculo íntimo. Además disfrutaba mucho de la caza y la pesca.

Mi vida, intento autobiográfico es el libro que escribe Trotsky a sus cincuenta años, en el comienzo de su último exilio, después de perder la lucha interna en la URSS contra el estanilismo. Esta última edición a cargo del Centro de Estudios, Investigaciones y Publicaciones León Trotsky incluye un extenso artículo de Alfred Rosmer, colaborador de Trotsky, que completa la historia contando la última etapa de la vida del autor. Además se incluyen otros textos autobiográficos más breves y artículos introductorios de los editores que terminan de cerrar el cuadro. Inicialmente el libro era más extenso, pero por pedido de los primeros editores el autor realizó una versión más concisa. O sea que esta es la versión breve, de seiscientas páginas.

Hay dos ejes a partir de las cuales se puede caracterizar la escritura de este libro. El primero es una consecuencia que se desprende de la variedad del material de trabajo. A pesar de pertenecer al género autobiográfico, Mi vida oscila permanentemente entre múltiples registros. Hay partes narrativas que podrían estar sacadas de una novela realista rusa, partes históricas, ensayo, diatribas afiladísimas, discursos políticos, teoría marxista, descripciones no exentas de cierto lirismo, etc. Todas las facetas de la personalidad del autor se vuelcan inevitablemente en el relato de su propia vida. La segunda característica, más estrictamente literaria, se enhebra en esa diversidad genérica. Como buen narrador ruso, Trotsky tiene facilidad para moverse entre lo general y lo particular. De un párrafo a otro puede pasar de la descripción de un gran movimiento de masas a la caracterización de un personaje específico. Esta facilidad le permite combinar los  registros de manera dinámica, variando el foco para que la tensión no decaiga.

Pero más allá de cuestiones estilísticas, son las condiciones de escritura las que determinan la originalidad del libro. No se trata de unas memorias escritas como el epílogo reflexivo de una larga vida, sino de una obra que se inscribe en el centro mismo de la historia que cuenta. La posterior decisión editorial de incluir el artículo de Rosmer para completar el relato evidencia esta característica. Trotsky cuenta solamente sus primeros cincuenta años, dejando afuera, lógicamente, el último período de su vida, cuyo inicio coincide con la escritura de Mi vida. En más de una ocasión explica que no escribiría sus memorias en ese momento o de esa manera, o que no las escribiría en absoluto, si no se viese obligado a contrarrestar las calumnias desplegadas en su contra por el aparato estanilista. Hay que tener en cuenta que todo el aparato represivo y propagandístico del estanilismo estaba direccionado principalmente a eliminar la figura de Trotsky y el trotskismo tanto de la actualidad política como de la historia reciente de la revolución. Esta campaña quedó históricamente simbolizada en el gesto extremo de  borrarlo de las fotos en las que aparecía con Lenin. Exiliado, censurado y perseguido, a Trotsky le queda la escritura como única arma de defensa. Tanto su autobiografía como casi toda su producción de la última época están determinadas por ese enfrentamiento. Son un intento por volver a meterse en la foto.

El autor lo define con claridad: Este libro es un libro polémico. En él se refleja la dinámica de una vida social que fue establecida sobre contradicciones. (…) Es la imagen de nuestra época. Hemos crecido con ella, la respiramos y vivimos en ella. ¿Cómo podríamos dejar de ser polémicos sin traicionarla? (pag.47). La polémica, entonces, funciona como el rasgo constitutivo de la narración autobiográfica. Es el disparador y el sostén de la escritura. No se trata simplemente de contar la propia vida sino de contarla “en contra de”. El relato se inscribe en una puja de relatos, es una prosa en lucha, que se moldea en oposición a otras versiones de los hechos.

Este mecanismo establece una escisión en la temporalidad del texto. La escritura autobiográfica, como toda escritura, avanza en dos tiempos, el de lo narrado y el de la narración. Pero como en este caso el tiempo de la narración es conflictivo y determinante, el tiempo de lo narrado se contamina. La tensión de lo narrado se mantiene latente y se actualiza en el momento de la narración. No se trata de una historia clausurada en el pasado sino de un pasado que brota furioso, que irrumpe y se trenza con un presente en disputa. El lector se desdobla entre el espectador de la historia de la revolución y el testigo de la contienda por contar esa historia.

 trotsky.jpg 2

Hablando en Copenhague y fotografiado por Robert Capa en 1932

En retrospectiva, la desmesurada campaña del estanilismo juega a favor de Trotsky y lo engrandece hasta casi borrar sus propias contradicciones. El perfil del personaje histórico que se va esculpiendo contra las difamaciones, las persecuciones y asesinatos adquiere proporciones épicas. El homicidio final, cometido a traición, termina de cerrar el cuadro. El héroe épico es invencible, solamente se lo puede matar a traición, alcanzando su mínimo punto vulnerable. El destino de Trostky cumple con todos los requisitos para ingresar en la dimensión mítica de la historia moderna. Y la presencia de su figura en la cultura actual, la edición de sus libros, de las biografías que sobre él se escribieron, su aparición como protagonista o personaje secundario en novelas y películas, sin olvidar la devoción de sus seguidores políticos, no hacen más que reforzar este aspecto.

Pero los personajes mitológicos no solamente alimentan el registro épico. Si Trotsky es inverosímil como personaje de novela, también resulta inadecuado, si se lo contempla con mayor perspectiva, para el relato épico. Según Issac Deustcher, su principal biógrafo, el destino de Trostsky se enmarca perfectamente en la estructura de la tragedia clásica. “Mi vida” evidencia este aspecto no solamente por lo que cuenta sino también por lo que calla. Salvo una mención secundaria, nada se dice sobre la represión de la insurrección de Krondstadt. Y ni una sola palabra hay sobre el aniquilamiento del ejército makhnovista en Ucrania. Como líder del ejército rojo, Trotsky fue el encargado de llevar a cabo las medidas represivas más implacables, llegando a ser responsable por la muerte de miles de anarquistas y campesinos ucranianos. Dejando de lado la discusión histórica y política sobre la violencia revolucionaria, este aspecto determina la dimensión trágica del personaje. Trotsky sucumbe ante las fuerzas que él mismo desató. El partido que él ayudó a llevar al poder se encargó de exterminarlo de todas las formas posibles, tanto física como simbólicamente, convirtiéndolo en el destinatario de la violencia que él comandaba.

En más de una ocasión, frente a las diversas calamidades, las muertes de sus hijos, la traición y desaparición de sus amigos, Trotsky se niega a considerar su destino como una tragedia. Este desconocimiento es constitutivo de los personajes trágicos que necesitan negar su destino para poder concretarlo. Sófocles no podría haber pedido nada mejor. En Mi vida el lector no solamente se hace conocedor de esa tragedia, histórica y personal a la vez, sino que la ve transcurrir ante sus ojos. Más allá de cualquier preferencia política, esto hace que el libro, con sus desbordes de talento, heroísmo y silencio, sea profundamente conmovedor.

Y de yapa:

Aprendiendo idiomas con León Trotsky

Hablando en inglés (durísimo)

Hablando en francés (con subtítulos en griego para los que no saben francés)

Y por último:

El Pela Lenin arengando a la muchachada

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s