Las novelas de Manuel Scorza

Por Darío Semino

(A raíz de una nueva edición del ciclo de novelas de Scorza: Redoble por Rancas, Historia de Garabombo el invisible, El jinete insomne, Cantar de Agapito Robles y La tumba del relámpago, editados por La Campana)

Entre 1950 y 1962 se produjo en la zona de los Andes Centrales, en Perú, una serie de levantamientos campesinos contra la injusta distribución de tierras. La situación era feudal: un pequeño grupo de hacendados y una empresa norteamericana, la Cerro de Pasco Corporation, concentraban en su poder la aplastante mayoría de las tierras cultivables, mientras la masa de campesinos de origen indígena vivía en la pobreza y la inanición. Se detonaron varios conflictos, desde pequeñas revueltas a levantamientos masivos que fueron resueltos a balazos por el poder central. Esta serie de acciones se inscribe en la larga historia de revueltas y masacres sufridas por los pueblos originarios desde la llegada de los europeos. Como esta historia tiende a permanecer oculta en los relatos de la historia oficial se habla de Guerra Silenciosa. Tristemente, hasta ahí no hay nada nuevo. Como tampoco había nada nuevo en los fusilamientos de José León Suarez en nuestro país. Lo ocurrido en los Andes Centrales podía haber quedado en el olvido cómplice para después ser rescatado por algún periodista o historiador comprometido. Todas las circunstancias estaban dadas para que ocurriera de ese modo. Hubo un periodista y todo, enviado por su diario a cubrir la noticia y que se vinculó con el movimiento campesino hasta convertirse en parte del mismo. Ese personaje sin embargo tenía una característica particular: más que periodista era poeta.

Hoy en día, al menos en nuestro país, Manuel Scorza es un nombre con una presencia tenue, cercana al olvido. Su obra narrativa, editada por editorial De la Campana, no tiene la difusión y repercusión que tuvo en el pasado y que todavía poseen algunos de sus compañeros de generación. Scorza aparece como fuera de foco entre los Vargas Llosa o los García Marquez, a pesar de que en su momento el ciclo de cinco novelas de La Guerra Silenciosa haya sido editado decenas de veces en varios idiomas. Es posible que su temprana muerte, ocurrida en 1983 en el mismo accidente aéreo en el que fallecieron Ángel Rama y Marta Traba, haya eclipsado su nombre, o lo haya relegado detrás las incesantes producciones y acaparadoras figuras de los otros escritores del boom. Sea como sea su obra ocupa un lugar extraño, tiene una especie de centralidad invisible o silenciosa, como para replicar la metáfora que designa al ciclo novelesco. Esa especie de olvido, sin embargo, tiene una ventaja. Hace que leerlo tenga gusto a descubrimiento.

Manuel Scorza junto a Agapito Robles

Cinco novelas, entonces, que cuentan la historia de estos levantamientos campesinos que van avanzando lentamente desde la rebelión individual hasta el estallido social y masivo, pasando por avances y retrocesos. Ese sería el hilo conductor de la trama, alrededor del cual se van enredando las historias de decenas de personajes que deambulan entre paisajes desolados, pueblos diminutos y estancias inmensas. La saga funciona como un cruce de caminos para varias líneas estéticas. Por un lado está el registro épico que se desenvuelve en la sucesión de enfrentamientos y en cierta sencillez de unos personajes moldeados por la lógica de la lucha. Por otro lado está la novela indigenista con las figuras de Ciro Alegría y José María Arguedas de fondo. En tercer lugar se puede señalar la emergencia de un nuevo tipo de narrativa, más ambicioso y complejo, que encontró en la década del sesenta un espacio de visibilidad sin antecedentes en la cultura latinoamericana. Estas vertientes le dan al ciclo una riqueza notable. Hay técnicas narrativas modernas, como los cambios de perspectiva y las idas y vueltas en el tiempo o la utilización de géneros no literarios como informes judiciales, panfletos políticos, etc; hay realismo mágico, hay tópicos de la literatura universal (metamorfosis, sueños premonitorios) y hay elementos específicos de la mitología indígena. En estos libros el tiempo se detiene de acuerdo a los caprichos de un juez, hay un personaje que se hace invisible y otro que habla con los caballos, hay una mujer hermosa que se trasviste de hombre y se convierte en santa, hay un enamorado que hace florecer todo lo que toca y una vieja ciega que dibuja imágenes del futuro en los ponchos que teje. Pero además existe un cuarto afluente estético que tiene que ver con la literatura del Siglo de Oro español. La forma de titular los capítulos imita la forma que están titulados los capítulos del Quijote. Con este afluente vienen dos características centrales para el ciclo: el juego, propio del barroco, de los planos de realidad y ficción, y el permanente sentido del humor, con rasgos de grotesco, sátira, ironía y picaresca, que hace que los cinco libros se lean con los labios puestos en la tensión de una sonrisa que cada tanto se quiebra en carcajada. Y todo envuelto en la prosa de un poeta que no desperdicia una sola línea para jugar con alguna imagen.

Vale la pena detenerse un poco en los cruces de realidad y ficción o más bien en la fusión que se da de ambos planos. Porque la realidad trastocada que inventa Scorza no se cierra con las páginas de sus libros sino que contamina nuestra propia realidad. Los personajes son personas reales y las masacres son hechos históricos sin dejar de ser mágicos. En este sentido es interesante y en cierta forma perturbador ver las fotos del propio Scorza con los protagonistas de sus novelas, como Agapito Robles o Héctor Chacón. Es como ver una foto de Gabriel García Marquez con Aureliano Buendía. La filiación del Quijote se evidencia en esta superposición permanente de ficción y realidad. Pero el efecto no se agota ahí. Porque estos libros también intervienen directamente en la situación denunciada. Después de la publicación de Redoble por Rancas, por ejemplo, con la visibilidad que el libro le dio a la problemática de los Andes Centrales, el gobierno peruano decidió otorgar la libertad al protagonista de la novela Héctor Chacón, el Nictálope. Gracias a una disposición del gobierno Scorza pudo viajar a la cárcel en el medio de la selva para liberar a su propio personaje.

Manuel Scorza junto a Héctor Chacón

Todos estos elementos hacen que estas novelas sean extremadamente ricas a la hora de inspirar interpretaciones críticas. En lo personal, lo que más me llamó la atención es la convivencia efectiva entre una literatura no solamente comprometida social y políticamente, sino inclusive de denuncia, y lo que a riesgo de sonar pedante se puede llamar “alta literatura”. Lo que en el fondo es un equilibrio, entendido en tanto que estado de tensión, entre lo ético y lo estético. Esta convivencia no se da a través de un apaciguamiento de la contradicción sino a partir de la potenciación que ambos campos ejercen entre sí. O sea, Scorza no escribió buena literatura “a pesar de” de tener buenas intenciones sino que logró escribir una gran obra literaria “porque” tenía la necesidad de cumplir con el mandato ético de aportar a una lucha concreta. Los recursos literarios utilizados efectivamente tienden a intensificar la dimensión del drama, la diversión que generan estos libros profundiza el sentimiento de indignación ante la injusticia de la historia mucho más de lo que podría profundizarse con una denuncia pretendidamente objetiva o realista. Al desviarse, al insertar historias paralelas, situaciones oníricas y mágicas, anécdotas simbólicas y personajes picarescos, al escribir siempre poéticamente, Scorza va dándole espesor a su mundo. Y al final siempre viene la masacre. Cuanto más efectivamente está trabajado el aspecto estético de estos libros más demoledor se vuelve el efecto ético de la historia. Y a su vez, cuanto más indignante resulta la injusticia exhibida, más conmovedores y siniestros se vuelven los personajes y sus destinos.

Es en este sentido en el cual resulta válida la comparación, a pesar de las evidentes diferencias, con los libros de Rodolfo Walsh. Si hoy en día vale la pena leer los libros de Walsh, más allá de su valor histórico o de la pervivencia en la sociedad actual de las lógicas de poder por él exhibidas, es porque esos libros están innegablemente bien escritos. Lo que Walsh logró gracias a su precisión estilística y su dominio de los recursos de la narrativa policial, Scorza lo consiguió mediante el humor, el realismo mágico y la poesía. Señalo esto porque es justamente el aspecto estético el que aparece más descuidado en la mayor parte de los libros de investigación periodística o de denuncia que se escriben habitualmente. No hay nada nuevo en el planteo de la interacción entre lo ético y lo estético, sin embargo, muchas veces, en el ámbito de la literatura de denuncia se reduce lo estético a una imitación pobre de las técnicas policiales, o sea una imitación de Walsh. Como si la única posibilidad de hacer interesantes este tipo de historias fuera la reproducción mecánica de los recursos ya gastados del thriller.

Esa copia permanente de esquemas, por otra parte, descansa en una concepción pobre y unilateral de la realidad y de la posibilidad de reproducirla con las herramientas tradicionales del realismo. En cambio, los libros de Scorza, y en esto se separa de Walsh, presentan una realidad mágica u onírica sin por ello dejar de intervenir en la trama social que reflejan. Esa intervención, que la mayor parte de los libros de denuncia quisiera tener, abre paso a la reflexión crítica sobre la textura de lo real.  La efectividad política de la obra literaria plantea problemas de peso filosófico. Lo que está en cuestión no es solamente el orden social. La noción misma de realidad aparece como un territorio en disputa, o sea como una construcción política. Si tenemos que creer que al Nictálope lo liberaron de su prisión después de la publicación de Redoble por Rancas, por qué no creer también que Garabombo era realmente invisible. Generar este tipo de preguntas y las diversas interpretaciones que se puedan desarrollar a partir de las mismas, es lo que constituye uno de los rasgos más importantes de la verdadera literatura.

Material adicional:

Video de la entrevista a Manuel Scorza en el programa A fondo:

Otra entrevista a Manuel Scorza:

http://www.ucm.es/info/especulo/numero7/scorza.htm

Selección de poemas de Manuel Scorza:

http://amediavoz.com/scorza.htm

Artículo de Roberto Ferro sobre La guerra silenciosa:

http://www.saber.ula.ve/bitstream/123456789/32157/2/articulo7.pdf

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