Leyendo con ganas a Zaffaroni

Sobre La Pachamama y el humano, de Eugenio Raúl Zaffaroni (prólogo de Osvaldo Bayer, ilustraciones de Miguel Rep). Edición de Madres de Plaza de Mayo – Colihue.

Por Darío Semino

Para someter a la Featured imagenaturaleza el hombre primero necesitó dejar de sentirse parte de ella. Es por eso que una de las líneas ideológicas más fuertes sobre las que se basa la modernidad es la diferenciación y superioridad del ser humano con respecto a los animales y demás seres vivos. El libro de Eugenio Zaffaroni “La Pachamama y el humano” rastrea con precisión y claridad el origen de ese abismo que nos aísla de los otros seres encarando el tema no solamente desde el punto de vista jurídico sino también filosófico. Pero tal vez lo más interesante del libro sea el planteo que el autor toma para contraponer a esta visión predominante. Frente a la idea del Hombre escrito con mayúscula (si es europeo, blanco y bien machito mejor) parado encima del resto de la creación y con derecho a servirse de ella a su antojo, Zaffaroni opone la llamada “hipótesis Gaia” tomándola del autor inglés James Lovelock. De acuerdo a este planteo “el planeta es un ente viviente, no en el sentido de un organismo o un animal, sino en el de un sistema que se autorregula” (Pag. 79). Entre otros aspectos esta visión abre una nueva perspectiva para entender el concepto de evolución. La teoría de Darwin habría sido malinterpretada ya que la sobrevivencia del más apto no significaría la del más fuerte sino la del más fecundo. Por lo cual no sería la competencia el motor de la evolución de las especies desde los microorganismos sino la cooperación. “Seríamos el producto de millones de años de complejización simbiótica, de enormes procesos de microcooperación, de millones y millones de pequeñísimas quimeras” (Pag. 80). Las consecuencias filosóficas, políticas y jurídicas de esta teoría son inmensas. El ser humano ya no estaría en el centro de la creación sino que pasaría a formar parte de ella como un integrante más, sin mayores privilegios que los necesarios para una vida digna. La competencia, convertida en valor supremo por el capitalismo, no solamente dejaría de ser el impulsor de la evolución sino que hasta podría convertirse en su límite. Puesto que los depredadores que sólo pueden destruir a otros organismos terminan por agotar su fuente de alimento, aniquilando así las condiciones para su propia existencia. Finalmente, en el plano del derecho, la aceptación de la hipótesis Gaia implicaría el reconocimiento de derechos no solamente de animales y otros seres vivos sino también de la naturaleza misma. La explotación de los recursos naturales que no persiga fines estrictamente necesarios para mejorar la vida de las personas podría tomarse como una violación de los derechos naturales y podría ser combatida con herramientas legales, así como también se verían amparadas por la ley todas las acciones pacíficas tendientes a impedir ese tipo de explotación. Finalmente Zaffaroni plantea que los pueblos originarios de América, mediante el culto de la Pachamama se encuentran en la vanguardia de este tipo de pensamientos. Y celebra las recientes constituciones de Bolivia y Ecuador que dan el primer paso para el reconocimiento de los derechos de la naturaleza. De este modo se abre un camino, alternativo al antropocentrismo moderno, que encuentra en la cooperación mutua y el equilibrio con la naturaleza los fundamentos más profundos de la vida. Estas son ideas que vale la pena difundir.

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